20020227

Tengo un amiguete, Vindicador, que escribe su diario y lo publica en una lista de correo; lo llama Diario de un perdedor, y probablemente es uno de los culpables de que yo esté haciendo algo semiparecido. En su último mail aparecía el siguiente fragmento:

Por la tarde me pongo a leer algunos mails que tenía sin mirar. Encuentro el de una tía que ha dado con mi dirección a través de estos diarios en internet. Me cuenta que solo ha leído un día y que le ha parecido aburridísimo. Añade que en ese día, mientras yo correteaba detrás de un pájaro que se coló en mi casa, ella estaba en el hospital por haberse intentado suicidar con un frasco de pastillas.

Esto me ha hecho reflexionar sobre uno de los aspectos de las personas: cada cuál se lo monta como puede para que le hagan un poco de caso. Algunos, como esta pobre imbécil, cuyos problemas ignoro e ignoraré, recurren a las pastillitas. Otros escribimos tonterías (a algunos, como Pérez Reverte, se las publican y un montón de gente las compra, encuadernadas en cartoné o en rústica, a 17.95 y 9.95 respectivamente). Cada uno, lo que puede para sacarle un poco de sentido al tiempo.

Lo que más me sorprende/irrita de la mujer suicida frustrada es su suposición de que a Vindicador le importa lo más mínimo el hecho de que ella estuviese en el hospital con el estómago limpito y una sobredosis de tranquilizantes en las venas. No estoy dentro de su pelada cabezota, pero hablaré como si yo fuese él y me dirigiera a la nena pastillera (a lo mejor no es nena y tiene 60 años, pero para el caso es lo mismo), porque me va a servir para establecer cuatro trazos sobre cómo me funciona el mecanismo social (también me va a servir para quedarme tranquilo un rato):

Mira, chiquita, sucede lo siguiente: no te conozco. Como no te conozco, ignoro el motivo por el cual me informas de que te intentaste suicidar, ya que el estado de salud de las personas a las que no conozco me la suda. El pájaro al que intentaba sacar de casa es para mí mucho más importante que tu supervivencia, puesto que forma una parte pequeña pero existente de mi vida, un caso distinto del tuyo, que no funcionas más que como un decorado necesario para configurar la realidad. Si miras a tu alrededor verás muchos más que despiertan en mí idéntica ausencia de sentimientos. En realidad, es la abrumadora mayoría de la humanidad. Soy incapaz de sentir por ti y por ellos nada más que algo abstracto y racional, que puede tener que ver con conceptos como libertad, justicia, opresión y cosas así, y que no me atrevería siquiera a denominar "sentimiento". Importarme, lo que se dice importarme, sólo me importa lo que les suceda a aquellos que dan forma a mi entorno. Los demás, tú entre ellos, por mí como si se operan con un cuchillo de obsidiana. Ah: otro día elige un método de verdad para suicidarte: un buen salto desde un piso 25, o un encuentro en la tercera fase con una máquina de tren. Fiabilidad garantizada. Ya que eres una perdedora profesional como todos nosotros, elige al menos un mutis digno.

Eso le diría. A ver si, o me hace caso, o al menos se calla. Que no se me malinterprete: no le deseo la muerte. Simplemente, no le deseo nada, ni la vida, ni la muerte, ni nada. Me da exactamente igual. Pero, si es posible, que se meta su cháchara de "yo *sí* que soy una víctima de la sociedad" por el ano.

20020225

Hoy he leído en alguna parte que Nacho Canut y Alaska, de Fangoria, decían que en la radio sólo se oía a Rosario y a Rosana. También es casualidad que la intersección de esos dos nombres de cantantes sea Rosa, una de las bobas de Operación Triunfo, ese engendro mediático al que medio país se ha enganchado. Desde luego, comparado con un concurso de formato relativamente similar, Gran Hermano, OT es una maravilla, pero es que un canapé de mierda de gato sifilítico también es una maravilla comparado con GH, con lo que la comparación no es excesivamente halagüeña. En todo caso, puede que otro día hable más de OT, hoy no me apetece decir nada más.
Vengo de la pelu. No del barbero, de la pelu. Los barberos de película de Berlanga me tocan los cojones. Prefiero once mil veces la cháchara cotorrera de mujeres en la peluquería que cuatro memos arreglando el mundo o hablando de fúmbol (no fútbol, sino fúmbol) en una de esas barberías. La pelu a la que voy no es especialmente unisex. Es más bien una pelu de mujeres a la que acuden algunos tíos. Está en mi barrio, a 3 minutos de mi casa, y además me atiende R. (lo de las iniciales lo he sacado del blog de mi amigo V4Vendetta y me ha parecido buena idea, así la gente no se me cabrea porque la nombre públicamente), una amiga de una amiga, y que al final pues también somos amiguetes ella y yo. La verdad es que es una profesional competente, y nunca le digo lo que quiero que me haga en el pelo (por la sencilla razón de que ni lo sé ni me apetece saberlo), sino que lo dejo en sus manos, sus instrumentos metálicos y sus terroríficamente apestosos potingues de tintar. No diré que consiga hacerme más guapo, pero unos ojos inexpertos podrían concluir, en una ojeada hecha con descuido, que mi aspecto es algo menos mediocre cuando salgo de la pelu que cuando entro.

Mi primer contacto con mi amiga peluquera fue más bien descorazonador. Fue en una cena donde estábamos M. (la amiga número 1) y su chico, R. y yo mismo. Después del vino y las copas, nos enzarzamos en una discusión estúpida sobre medicinas alternativas y escepticismos varios, y ella acabó llorando, lo que me hizo sentir bastante mal, dicho sea en mi descarga. El caso es que después de eso la he tenido muchas veces cerca de mi cerebro armada con instrumentos punzantes, y siempre ha respetado la integridad de mi persona; eso dice bastante acerca de su equilibrio mental y de mi temeridad. Las sesiones de peluquería suelen ser largas, porque mi pelo estándar me aburre y siempre me pongo mechas, puntas rubias u otras tonterías, por cambiar. No sé si os pasará lo mismo, pero siempre me ha gustado que me laven el pelo; es una sensación táctil casi erótica, que uno puede adquirir por un precio módico y disfrutar en público sin que nadie se escandalice, puesto que está socialmente aceptada. Las operaciones que se desarrollan en mi azotea después del lavado pertenecen al mundo oculto de la alquimia, y prefiero desconocerlas. El caso es que, unas tinturitas y un importante número de expertos tijeretazos después, mi cabeza tiene un aspecto distinto al que tenía un par de horas antes. Definitivamente, R. tiene el poder en sus tijeras.
El martes pasado un colega me prestó un álbum de Lou Reed, el New York. Lo estaba oyendo hace un rato. Seguro que más de uno y más de dos me querrán hostiar por esto, pero la verdad es que el disco en cuestión me deja más bien frío. A lo mejor me ha pillado en un día inadecuado. Todo el mundo dice que es el mejor álbum de este tío, que si es una obra maestra y un hito del rock y bla-bla-bla. Pero el caso es que prefiero a Ramoncín, soy así de hortera. Yo creo que será porque lo del rock urbano lo asocio más a Vallecas que a Greenwich Village, y que el rollete cultureta/alternativo/pseudorrebelde de Warhol, la Factory y la biblia en verso siempre me la ha traído flojísima. Un rebelde con la cartera llena me parece un cretino desubicado. Quizá por eso el movimiento hippy, visto en la distancia, me da la impresión de un juego de burgueses ociosos, babosillas que ahora se han apropiado de la palabra "libertad", especialmente en el caso del mercado. Los verdaderos beneficiados de ese movimiento ful fueron los distribuidores de LSD y peyote. Bueno, os presento a mi ramalazo proletario/materialista, que de vez en cuando se despierta y se cabrea.
Hola. Me llamo Francesc y soy escéptico. Creo que ya lo había dicho, pero lo repito.
Esto lo digo porque acabo de sacar los billetes para ir a la asamblea de la asociación ARP-SAPC (eso quiere decir Alternativa Racional a las Pseudociencias - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico; o sea, eso), que se celebra en Palencia a principios de marzo. Obviamente, no voy en avión a Palencia, porque a) dudo que Palencia exista, y b) en todo caso, aeropuerto creo que no tiene. Lo que si tiene son fábricas de galletas (en la provincia, en Aguilar de Campoo).
Lo del escepticismo no es una teoría, ni una opinión, ni un gusto, ni una afición. Más bien es una forma de vida. Viene a consistir en lo siguiente: "si me vienes con historias extraordinarias, no esperes que me las crea por muy buena persona que seas y por mucho que nos hayamos reído juntos en la última borrachera: o me das pruebas, o te callas la boca y hablamos de cine." Dentro de historias extraordinarias hay todo tipo de historias: parapsicologías diversas, abducciones, cristaloterapia, homeopatía, precognición, tarot, loqueseamancia, levitación (y alevosía y nocturnidad; bueno, eso no), PES y casi cualquiera de las estupideces que aparecen en las revistas femeninas como el Cosmopolitan (un amigo mío define Cosmopolitan con la siguiente frase: "how to be the perfect satellite of your man"). Por supuesto, cada uno puede creer lo que le rote, y tengo amigos que creen cosas diversas y no por eso dejan de ser amigos míos. Pero *yo* no me creo nada. También soy agnóstico de la línea dura, y próximamente apóstata. Tengo mi sistema de valores, más estricto que el de muchos creyentes, sobre todo de aquellos cabrones que piensan que su dios les va a salvar y les va a dar el paraíso por muy hijos de puta que hayan sido en vida. La sola existencia de ese tipo de roedores sarnosos me enferma. Y mejor dejo el tema, que me sube la tensión.
El sábado 23 fui a la fiesta de cumpleaños de un amiguete, Jordi. No era un cumpleaños cualquiera, eran sus 40 tacos. Invitó a un quintillón de personas, con sus respectivos adláteres, y su descendencia (ese de ahí soy yo, con la nena de unos amigos). Se me hacía más bien extraño, una fiesta de cumpleaños de un amigo en la que la cantidad de cachorros de homo sapiens casi igualaba a la de personas adultas. Siempre he preferido a los adultos que se comportan como niños, que a los propios niños. Mi amigo es de esos (seamos sinceros: yo también soy de esos), y siempre nos lo pasamos cañón, aunque sea jugando con la PlayStation (por cierto, le regalamos una PS2; vaya cacharro más bonito). No me apetece nada convertirme en adulto con hipoteca, familia y plan de pensiones. Me cago en todo eso. El concepto "familia" me es completamente ajeno. Eso no quiere decir que me lleve mal con mi familia. Es sólo que, para mí, los lazos de sangre son un azar de la naturaleza, y se estrechan por la fuerza de la costumbre (las más de las veces) o por la fuerza de la amistad (las menos). Otras veces no se estrechan en absoluto. Y qué. Tampoco tengo nada especial que ofrecer a la humanidad como para ir castigando con mi semilla a las generaciones venideras. Espero extinguirme de forma discreta y silenciosa. Y la humanidad, por mí, que reviente.
Estoy algo confuso: tres de mis mecs ya han salido del nido. Son un poco menores que sus padres, pero ya parecen bastante despabilados. Pensaba que iban a tardar algo más (creo que debían tardar 3 semanas, con lo que se han adelantado 4 días). En las fotos podéis verlos, tomando valiente posesión de su territorio.
La verdad es que me fascina esto de la cría de pájaros, mil veces más que la cría de niños: de esos ya hay demasiados, y son mucho más feos. También pesa el hecho de que no es probable que ninguno de mis pájaros se convierta en abogado, agente de bolsa, violador, sacerdote o tarotista. El orden de la anterior enumeración es aleatorio: todos ellos me parecen indeseables a priori, y la mayoría de ellos también a posteriori.

20020219

Me definiría como pesimista esencial, pero no puedo evitar verme contagiado por el entusiasmo y el optimismo de Carl Sagan cuando escribe divulgación. Mira que era bueno el tío en estos menesteres. En The Demon-Haunted World, que estoy leyendo ahora, habla, entre otros temas, de la invasión de las pseudociencias y el esoterismo. También toca el creciente analfabetismo (hablamos de analfabetismo funcional; leer y escribir malamente ya sabe, más o menos, todo el mundo) de la población norteamericana. Pero no se limita a quejarse: propone soluciones, ve salidas, alimenta la esperanza. Salvo por su estado actual de cadáver, le admiro y le envidio. A mí, ese entusiasmo humanista me durará lo que tarde en acabarme el libro y tres días más, y luego seguiré dándome los acostumbrados baños fríos de realidad que constituyen la raíz de mi pesimismo. A pesar de ello, he copiado una cita de Epícteto, filósofo y esclavo liberto, que aparece en el libro: We must not believe the many, who say that only free people ought to be educated, but we should rather believe the philosophers who say that only the educated are free. Creo que la usaré como frase de firma de mi correo electrónico durante un tiempo.
Menos mal que hay algunas personas como Sagan; si no, el mundo sería un lugar mucho peor aún. Sentí mucho más su muerte que la de los miles de desconocidos que palmaron en lo de las torres. No en vano su serie (y libro) Cosmos tuvieron mucho que ver en el hecho de que yo me metiese a estudiar física (una lid en la que, por cierto, ganó la física por k.o. técnico; la informática resultó ser un rival más asequible). También me instalo periódicamente el protector de pantalla del proyecto SETI@home, para buscar (y probablemente no encontrar) señales inteligentes en los terabytes de datos de radio acumulados en el radiotelescopio de Arecibo (y si no sabes de lo que hablo, prueba a ver Contact, a ver si después te suena un poco más). Sirve de algo? No, pero ni tú ni yo servimos tampoco para nada, y aquí estamos, tú leyendo y yo escribiendo.
Más pajaritos
No os perdáis el corto que precede a la peli "Monstruos S.A.". Se llama "Pajaritos" ("For the birds", en original), y los protagonistas son esos pájaros que veis ahí a la derecha. Te meas de risa. Repito: te *meas* de risa. En la web de Pixar os podéis bajar un fragmento. Si sois de esos afortunados que disfrutan de banda ancha, podéis recurrir a uno de los maravillosos programas de compartición de archivos peer-to-peer, como edonkey2000, para bajar el corto completo. Es *casi* tan divertido como una selección de los mejores momentos del Correcaminos y el Coyote.

20020218

No sé si será por mi trabajo de traductor, o quizá lo del trabajo sea una consecuencia, pero tengo la manía de jugar con el lenguaje. Es un juego que nunca se agota, sobre todo si sabes varios idiomas, y se puede jugar solo (o con leche <- un ejemplo). Una cosa que me chifla son las traducciones literales de frases hechas, o de giros idiomáticos de difícil traducción, o de cualquier bobada, al inglés. Por ejemplo: it makes a cold that you shit yourself, o I'm gonna give you a male pineapple. Ya sé que muy original no soy, que hay dos tíos que han publicado un par de libros sobre esto, From lost to the river y Speaking in silver (por cierto, muy buenos los dos). Pero no importa, el juego es inagotable. A veces me río yo sólo, pero con el tiempo aprendes a medir la potencia de la coña para adaptarla al nivel de inglés de tus interlocutores, con lo que al final todos nos echamos unas risas con la tontería. Otro día hablaré de mi manía de sacar factor común fragmentos de palabras. Si no sabes lo que es sacar factor común, revisa tus matemáticas de cuarto de EGB (con la mierda de planes de estudio actuales, ahora se debe enseñar en primero de las carreras de ciencias) y aprende lo que es la propiedad distributiva. Mañana pregunto la lección, y al que no se lo sepa, lo envío a mirar la tele.
Mi jefa me acaba de meter una bronca por email, porque me he quejado de que la herramienta de traducción que utilizaba era una basura y que no me hacía responsable de mis errores. Me ha venido a decir que *sí* era responsable, y que si no me gustaba el tema, que ya no me pasaban más curro y resuelto. Lo jodido es que tiene razón, sí son mi responsabilidad, pero la herramienta de traducción es *realmente* una cagarruta. Pero bueno, como le he dicho a ella, me callo y me jodo, porque yo también tengo que pagar el alquiler. Esto de ser de clase trabajadora a veces da como rabia. Yo hubiese querido ser hijo de algún noble ocioso, como el capullo del Felipe, el príncipe ese de los cojones que tenemos, y que me dejasen pilotar un F-18. Por cierto: ya verían qué poco iba a durar la cruz del Valle de los caídos.
Me he encontrado con la siguiente basura en la página inicial de una web sobre Natalie Portman:

"[...]Expuestos los puntos y para cumplir con los requisitos de la LSSI y sin animo de entorpecer la aplicación de dicha ley, el webmaster de esta pagina enviará todos sus datos personales a toda persona o ente que tenga un interés directo y licito desarrollando el Art 4.1 de la Ley de protección de datos Los datos de carácter personal sólo se podrán recoger para su tratamiento, así como someterlos a dicho tratamiento, cuando sean adecuados, pertinentes y no excesivos en relación con el ámbito y las finalidades determinadas, explícitas y legítimas para las que se hayan obtenido, para ello puede solicitarlo previa exposición de motivos a thx_1138@hotmail.com.
El webmaster de esta pagina intenta evitar la utilización no autorizada de sus datos personales por terceras personas amparándose en la Ley de protección de datos, y desea cumplir con las obligaciones de la LSSI."


Se puede ser más gusano? Qué pena, la página estaba bien, lástima que su dueño sea deficiente psíquico sobrevenido. En fin, para estar a la altura, yo también me apuntaré a lo de la LSSI:

Expuestos los puntos (sobre las íes) y sin ánimo de entorpecer la aplicación de la ley de vagos y maleantes, el webmaster de este blog se mea en la boca de toda persona o ente que tenga algún interés directo, indirecto o circunstancial de lugar en la aplicación de la LSSI. Los responsables del desarrollo y aprobación de dicha ley pueden besarme el culo mientras se introducen unos a otros por su propio esfínter una percha de la ropa, por el lado malo. El webmaster de este blog intenta evitar la utilización no autorizada de trifosfato de adenosina por parte del cerebro de dichas personas, y las obligaciones de la LSSI se la traen floja, fláccida y pendulona.

Y ahora, una vez expuesta mi postura respecto de la LSSI, me voy a dormir, mucho más relajado ya.

20020217

He cambiado mi blog de sitio web. Ese anuncio estúpido que aparecía al principio, junto con la imposibilidad de colgar fotos o imágenes si no era mediante enlaces externos me tocaba bastante la pera, de modo que lo he colgado en mi espacio histórico de geocities, que antes era el número 5804 del barrio de Athens. Creo que me dí de alta de ese espacio gratuito en el año 1995 o 1996; o sea, a todos los efectos, en el mesozoico. En esa época te daban un mega de espacio por la cara y eras el hombre más feliz de la comunidad de vecinos. Los quince megas de ahora se me antojan, en cambio, miserables. Cómo cambian los cuentos.
Los minimecs han abierto los ojos (en la foto están aún con los ojos cerrados; por cierto, aquí están su padre, en pleno canto, y su madre, más bien achinada en el fondo de la jaula ). Siguen siendo igual de feos, pero ahora parecen levemente emparentados con vertebrados, y no las orugas chillonas que parecían antes. El nido tiene el aspecto de una de esas montañas de guano que salen en los reportajes de la 2, pero me da miedo sacarlos de él para limpiarlo, de modo que van a tener que aguantar un poco más en ese ambiente tan agradable. Estoy seguro de que son mucho menos escrupulosos que yo, y eso que yo, desde que hice la mili, ya me da igual casi todo.
Llevo unos días sin escribir. El motivo es ningún motivo en particular. Ya dije que no tenía cosas que decir a diario.
El jueves por la noche fui al Liceu a ver ópera. No soy muy entendido, o mejor, casi nada entendido, pero me invitaron y me gusta. Vi “Orfeo”, de Monteverdi. Este tipo vivió a caballo entre el 16 y el 17, con lo que la ópera era barroca y no tenía nada que ver con lo que la mayoría acostumbra a imaginar, tipo El barbero de Sevilla o Madama Butterfly. No. Aquello fue otra cosa. En primer lugar, la orquesta tocaba con instrumentos de la época, lo que para mí ya representaba un placer adicional, puesto que nunca había visto máquinas de hacer música tan extrañas, aunque había oído hablar de algunas de ellas. En segundo lugar, el director musical era Jordi Savall, que es uno de los number one mundiales en música antigua (y además conocido por la dirección musical en una de mis películas fetiche, Tous les matins du monde), y se nota. Los músicos vestían una especie de batón negro y medias, supongo que a la moda de la época, lo cual aumentaba aún más la sensación de espectáculo. Quizá es que yo sea un patán, pero todo aquello me dejó babeando, como un paco martínez soria of sorts en llegando a madrid. Además, en los coros cantaban cuatro contratenores, uno de los cuales tenía algunos fragmentos de solista; yo nunca había oído cantar a un contratenor en directo, y la sensación de oír a un hombre cantando con voz de soprano es fascinante, sobre todo cuando, en un cierto momento, el tío bajó a su registro estándar saltando como tres octavas hacia abajo, y sin solución de continuidad. Había oído hablar de eso, pero oírlo en directo es otra cosa. Bueno, el caso es que disfruté como un niño en el parque de atracciones. No así la mayoría de público, que aplaudió cortésmente y se largó a la que pudo levantar el culo del asiento. Supongo que en el Liceu, como en todos lados, la gente prefiere que le den platos conocidos, y no está por hostias. Ponles un Wagner o una buena Traviata y se correrán sobre tus zapatos, aunque no haya quien soporte las cuatro o cinco putas horas de “El anillo de los nibelungos”.

20020214

Gilly, la chica inglesa cuyo blog mencioné el martes por la noche, se ha enterado de que la he citado, de alguna extraña forma. No le ha gustado. Tampoco le ha gustado ni el diseño de mi blog ni su contenido, que son objetivamente pésimos. Para saber lo que decía de ella, ha pillado mi texto y se lo ha enchufado al babelfish, con lo que no ha conseguido más que un montón de mierda aún más grande que mi texto original. El original era:

"Acabo de ver el blog de una chica inglesa que se quiere un montón y se hace sietemil fotos con su cámara digital y las cuelga para que todos podamos disfrutar de su careto. El mundo está a reventar de personal muy patético."

Y lo que babelfish ha traducido es lo siguiente:

"I finish seeing blog of an English girl who is wanted a pile and sietemil becomes photos with its digital camera and it hangs them so that all we pruned to enjoy its areto. The world is to burst of very pathetic personnel."

Aprovecharé que domino bastante la lengua de Shakespeare para traducir mi texto, de forma que la susodicha entienda exactamente lo que quería decir. Read carefully, baby:

"I just saw an english chick's blog; she likes herself a lot, so she's taken seven thousand pix of herself with her digicam and has posted them on the Web so we all could enjoy her looks. The world is packed full of pathetic people like these."

You get it now, sweety? Or should I make myself clearer? Dios, qué cruz de mundo. Y lo peor es que su voto y el mío valen lo mismo. Feliz día de San Valentín, sucker.

20020213

Tengo varias mascotas. No son muy al uso para un soltero de 35 años, pero me veo incapaz de tener un perro o un gato y cuidarlos como se merecen. Mis mascotas son: - un hámster ruso (me acabo de enterar de que se llaman hámsters rusos de Campbell), de nombre Pavarotti V (sí, antes tuve otros 4;
se van muriendo cada dos años o así; cosas de hámsters). - dos pájaros tropicales, diamantes mandarines, llamados Johann Sebastian Meck y Anna Magdalena Meck. La gracia de estos bichos es que son completamente autónomos, mientras tengan qué comer y qué beber. La desgracia es ninguna. Los pájaros, a los que suelo llamar simplemente "los mecs", emiten un canto que a mí me hace mear de risa, que consiste en una especie de bocinazo a bajo volumen, como un "mec-mec", que justifica plenamente a) que yo los tenga, y b) que les haya endilgado esos nombres. También cantan de formas un poco más complicadas, pero lo realmente gracioso es el mec-mec. Hace una semana que los mecs han tenido crías. Tienen un nido lleno de pollos de mec, más feos que la madre que los parió, y los cuidan como si llevasen toda la vida en ese rollo. Hace cosa de tres días que los pollos han empezado a hacer mec por su cuenta, y de vez en cuando se monta una especie de miniescándalo de mecs medio afónicos de los pollos, y de mecs mucho más expertos de sus progenitores, lo que hace que mi casa sea un sitio más divertido de lo habitual. Eso no es difícil, en todo caso. Para que éste sea un blog bien freak, en algún momento (cuando me apetezca) colgaré fotos de mis alimañas y sus pollos y os podréis reír a gusto, como yo.
Ya hemos acabado de jugar la partida de pursuit. Hacía tiempo que no veía a nadie hacer tanta juerga después de quedar segundo, pero así somos. Ninguno de nosotros será nunca elegido para ningún cargo político, por suerte para la humanidad (y sobre todo para el afectado).
Me tengo que poner a acabar una traducción entretenidísima de mensajes de sistema de Solaris. De acuerdo, es una basura, pero seguro que tú, el que lees esto, te tienes que levantar temprano cada día. Ahora, cuéntame qué es peor.

20020212

Creo que lo más excitante que me va a suceder hoy es la partida del torneo de trivial-pursuit por irc que empieza dentro de unos minutos. Este torneo tiene su gracia: el equipo en el que juego, DGT (Drei Gröschen Team, el equipo por el que nadie daría ni una perra gorda), se compone de una colección de simpáticos perdedores a los que no les importa nada el resultado de la partida (a mí también me la suda, por supuesto, pero yo no soy tan simpático). Esto nos coloca en una posición de superioridad respecto de nuestros rivales: nosotros somos los que más nos divertimos. Los triunfadores son una especie a extinguir. Procuraré contribuir a ello con mi granito de arena y mi caja de herramientas.
Acabo de ver el blog de una chica inglesa que se quiere un montón y se hace sietemil fotos con su cámara digital y las cuelga para que todos podamos disfrutar de su careto. El mundo está a reventar de personal muy patético.
Bueno, mi primer día en esto de los blog. Dudo mucho que tenga algo que decir a diario, o ni siquiera con una frecuencia medio decente, pero ya sabéis que me gusta probarlo todo (o casi).
Creo que la culpa de que me haya metido en esto la tienen varios de los miembros de ARP-SAPC, la asociación de escépticos en la que, por algún motivo no demasiado esotérico, me he metido últimamente. Que por qué tienen la culpa? Simple: ellos también tienen sus blogs. Yo me quedo con Por la boca muere el pez, de Javier Armentia, y Los cien gaiteros del delirio, de Tenebris. Además de blogs, también tienen más cosas que decir que yo, pero no importa: el mundo va a seguir dando vueltas, tanto si hablo como si me callo la boca. Y, como dicen en inglis, “I feel like writing today”, o sea, me siento como escritura hoy. Ya sé que no es eso, hostia, trabajo como traductor.