Jesucristo nació en Belén el 1 de enero del año 1 (o sea, 1-1-1; no parece una fecha de nacimiento, sino más bien las medidas de algún artrópodo). Eso es bastante práctico, para qué negarlo. Y además es una de las fechas de nacimiento más molonas de la historia. Siempre ayuda cuando te la asignan a posteriori, claro.Su padre se llamaba José y era carpintero, y su madre virgen, que al parecer era un trabajo a tiempo completo. Bueno, su padre no era bien-bien su padre, sino su supuesto padre (pater putativus, de ahí que a los josés se les llame pepes; para que digáis que no se aprende nada en mi blog). Su padre de verdad era una palomica. Que resulta que era él mismo, y además un señor con un triángulo en la cabeza, que se había pasado todo el antiguo testamento muy cabreado. Con lo de la paternidad se le pasó, a pesar de que su hijo era él, y además también la palomica. Si todo esto os parece muy confuso, le podéis pedir aclaraciones al tío que vive aquí, por ejemplo. Seguro que está encantado de responderos, o de enviaros a su delegación territorial más cercana para que os lo expliquen y os quedará claro como un gazpacho de 2 euros.
Bueno, al tema. Este tal Jesucristo se ve que era judío, y vamos, no dejó de serlo nunca, pues no hay constancia de que apostatase (que seguro que en aquella época no era una cosa muy sencilla de hacer). Se ve que se vino a dedicar a lo de trabajar la madera y la ebanistería hasta que le dio porque se aburría. Entonces se hizo una panda y se fue a hacer el jipi por Galilea. La gente del lugar, que carecía de tele o radio debido al atraso inherente a la época iban a escucharlo cuando le daba el ramalazo (frecuente) de ponerse a chamullar en voz alta sobre cosas incomprensibles, como "bienaventurados los gansos" ( (c) Monty Python).
Cierto día les dijo a sus amigos que se quedasen si acaso un rato por aquí, que él se iba al huerto de los olivos (que habría más de uno, supongo, pero creo que se refería a uno concreto, si no seguro que hubiese dicho "un huerto de los olivos") a chatear con su padre, que era al mismo tiempo él y la palomica, no lo olvidemos. Uno se pregunta qué droga nueva habría descubierto ese día, que no le apetecía compartir con sus colegas. Yo mismo me lo preguntaría, incluso. Mientras tanto, sus amiguetes se quedaron dormidos por ahí, en plan jipi, que era lo suyo. Menos uno, un tal Iscariote, Judas de nombre de pila, que decidió que a los jipis les podían dar mucho por el culo y que él se iba a correr una juerga tremebunda con la recompensa que los romanos daban por Jesús. Se ve que en aquella época 30 monedas de plata era un dinero, o dos. Luego parece que los legionarios le preguntaron a Simón, que era uno de los amigos, expescador y ahora jipi, que si conocía a Jesús, y él dijo que si acaso que no le tocasen lo que no sonaba, que estaba ahí tan tranquilo antes de que viniesen a reprimirlo. Los legionarios, que muy listos no sé si eran pero al menos eran romanos y no putos jipis de mierda, no se fiaban mucho, así que se lo preguntaron un par de veces más, y el tío que no que no. Luego cantó un gallo, porque se ve que lo del interrogatorio era muy temprano.
En fin, que gracias a la diligencia de Iscariote, los legionarios finalmente le echaron el guante al cabecilla, que venía a venir siendo Jesucristo, y se lo llevaron al pretor Poncio Pilatos, que anda que no tenía el tío cosas que hacer como para que le viniesen sus sorchis que a ver que hacían con el peludo. Pilatos hizo lo único razonable: lavarse las manos antes de sentarse/tumbarse en su triclinium para comer y enviar al otro a la zona habitual de ejecución, a que le diesen lo suyo. Y bueno, ya lo creo que se lo dieron: lo hicieron cargarse la cruz a la espalda y venga, monte Calvario arriba. Bueno, se ve que antes le dieron de hostias con un látigo y le pusieron una corona de espinas, que eso no debe de dar ningún buen rollo. Bueno, el caso es que llegó a la cima del monte ese, que debía de oler como las letrinas de un galeón pirata, entre el amor a la higiene de los locales y los cadáveres de gente en descomposición, y lo clavaron a la cruz y lo pusieron de pie. Bueno, pusieron de pie la cruz. Entre la solana que pegaba y lo incómodo de la postura, pues el tío se murió, no sin antes decir una serie de cosas que tenían casi tanto sentido como lo que solía decir en sus discursos públicos previos. Antes de que se muriese, un legionario que se aburría (no me extraña) le dio un lanzazo, que total debió ser para pasar el rato, porque ya se iba a morir igual, y otro le dio a beber hiel y vinagre, que claro, es algo que todos los legionarios romanos solían llevar encima por si algún crucificado pedía de beber antes de palmar. Luego su madre y su churri se llevaron el cadáver y lo envolvieron en una sábana. Y ya está. Es lo que pasa cuando te mueres, que ya está. Bueno, hay una serie de miles de millones de personas que dicen que no está, que a los tres días se levantó y se puso a levitar, pero claro, lo que tiene la realidad es que no es nada democrática. Levantarse después de muerto, no se levanta ni tu puta madre.