20030924

Hipermercados para bobos

Vengo de comprar del híper. Tenía un papelito en casa con una lista de cosas que faltaba comprar, papelito que he dejado estratégicamente olvidado sobre la mesa de la cocina, de modo que R. y yo hemos ido recorriendo filas de estantes en busca del producto perdido.

No era la primera vez que estaba en un híper. He estado varias docenas de veces en sitios así. La cosa es fácil: vas, pillas un carro y tu lista de suministros, compras y te vas. Fácil, verdad? Y una mierda seca. Es mucho más complicado que encontrar el camino a Mordor a través de la Ciénaga de los Muertos, con el agravante de que no hay ningún Sméagol a mano al que putear. Los diseñadores de estas sofisticadas trampas del siglo 21 se las saben todas.

De entrada, la distribución de las cosas es la que sea, lo cuál lleva a pensar en la posibilidad lógica de utilizar un mapa para indicar dónde, por ejemplo, encontrarás el papel de WC sin tener que revisar una docena de pasillos. Pero no: Mapas no tenemos, caballero. Aquí no nos fiamos de esas cosas modernas: en cada extremo de pasillo hay un cartelón con el nombre genérico de los productos que contiene; con eso ya basta. Quizá alguien debería informar a este hipotético cabroncete que lo de los carteles está bien cuando pueden leerse todos de una vez, y que los mapas se inventaron para que, si eras marinero, no tuvieses que llegarte hasta las costas de Sicilia para ver un puto cartel que dijese "A Siracusa, 7 estadios", o la unidad que fuese.

Pero este problema es una nadería al lado del que realmente me tiene obsesionado, y que podríamos llamar Hacia la inmovilidad por la diversidad. Veamos un ejemplo: quiero yogur. Después de recorrer ciento setenta pasillos con mi carro del tamaño de un Humvee, llego al pasillo de "Lácteos". Busco yogur, recordémoslo. Para mí existen dos tipos de yogur: el blanco y el otro. De un vistazo llego a la conclusión de que algo no funciona correctamente: una sinfonía de colores, sabores, tamaños, formatos y precios se abre ante mis ojos. Blanco, dije? Joder, hay 30 variedades que tienen pinta de ser de color blanco; entre ellas hay varias nacionalidades, con o sin azúcar, y una cosa que se llama mousse de yogur, que sirve para que en el mismo volumen entre menos yogur y los beneficios del fabricante se multipliquen por siete. El otro, dije? Estoy rodeado de objetos más o menos cilíndricos que dicen contener frutas que sólo aparecen en los libros de Emilio Salgari. Otros contienen entes identificados por iniciales o por nombres latinos (LC1? Qué cojones es LC1? Tendrá algo que ver con el L. Casei Immunitas de esta otra variedad, o es simplemente "Lámeme el Culo 1 vez"? Y lo del bífidus? Quiere decir que, si me lo como, me dará una espina bífida aguda? Joder, eso es muy chungo; y si me confunden con Aznar?). El calcio parece ser muy popular, porque hay 3,2e4 variedades que, en una esquinica, dicen "Contiene Calcio". En cambio, no veo ninguno que diga "Enriquecido con Astato" o "Ahora, con el doble de Tecnecio".

No se debe confundir este tipo de variedad con la de las pizzas de una pizzería, por ejemplo. La filosofía es distinta: una pizza es una base de pan, tomate y mozzarella, sobre la que se ponen cosas. Es, de hecho, una versión italiana tradicional de los huevos fritos con cosas, un plato de mi invención que ya glosé en la entrada Cocina para solteros. Esta diversidad no responde a esnobismo o re-equilibrado nutricional gilipollas, sino a que te apetezca carne, pescado, verduritas, champiñones o salchichón.

La diversidad absurda ataca a otros muchos tipos de productos: higiene personal (en el caso del champú, estoy convencido de que hay muchos más tipos de champú que tipos de cabello; de hecho, creo que hay tantos tipos de champú como personas con cabello. Esto dejaría fuera a los lamas, a los skins y a los calvos; también a los rastas, pero no por falta de cabello, sino por falta de higiene), limpieza del hogar (en Mercadona tienen 7 tipos 7 de jabón para la vajilla concentrado de marca Bosque Verde, que es ¡¡su propia marca blanca!! Y yo que pensaba que lo de la marca blanca te ayudaba a simplificar un poco...), alimentación canina y felina, mantequillas y margarinas, papel de WC, galletas, refrescos y un largo etcétera. Un último ejemplo: el pan. Llamadme nostálgico, pero qué fue de la sencillez de "una de medio, una de cuarto, un pan de molde, un pan de payés" (cántese con la música de "Uno de enero, dos de febrero...")? Mecagontóloquesemenea, pan de molde "sin corteza"? Y qué hacen con la corteza, cortezas de tocino sin colesterol? Me están tomando el pelo? La respuesta es: sí.

Tengo una propuesta para hacer a las grandes distribuidoras: apiádense de la gente simple. Gasten su buena acción del día en lo siguiente: habilitar un pasillo en cada una de sus elefantiásicas superficies para los bobos que, como yo, no entienden el mundo. Sería un pasillo aburrido, con carteles que rezarían: "Yogur del blanco/Yogur del otro", "Jamón salado/Jamón soso" o "Pan normal/Pan de molde". Podrían solicitar y, sin duda, obtener una subvención del Ministerio de Asuntos Sociales, Dirección General de Ayuda a los Inadaptados, Bobos y Sociópatas, Subsección Alimentación y Hogar. De este modo se resarcirían de las pérdidas que estos deshechos de la modernidad les ocasionaríamos por evitar los paseos por las secciones de material de oficina (“Para qué querré yo esta carpeta de las PowerPuff Girls, si hace un siglo que no uso carpetas?”) o de menaje de cocina (“Oh, qué bonitas pinzas de barbacoa he adquirido por sólo 3,95 euros; aunque, bien mirado, no tengo barbacoa...”) o de los ya mencionados lácteos. Fíjense qué poco cuesta hacernos felices. Si es que ya se sabe: a un bobo le das un lápiz de colores y ya puede llover lava.

20030914

Justicia poética, v2.0

Tengo un amigo (al que llamaremos tellhim) que tuvo una relación con una chica. Dicha chica (a la que llamaremos she who must not be named, o swmnbn para acortar; si no pillas la referencia, deberías leer Harry Potter) y tellhim compartieron círculo de amistades durante el tiempo que su relación duró. Cuando tellhim cortó con el tema, por motivos X, a swmnbn le sentó como un tiro de gran calibre en la boca del estómago, cosa bastante comprensible. Tellhim decidió apartarse durante un tiempo del círculo de amistades compartido, por dar un poco de cancha a swmnbn para que los amigos comunes enjugasen sus lágrimas. Al cabo de dos meses y pico, tellhim volvió a aparecer. A swmnbn le sentó como otro tiro de gran calibre en la boca del estómago, cosa quizá algo menos comprensible, aunque siempre opinable. Al cabo de unas semanas fue ella la que desapareció de la sociedad, cosa que a tellhim le pareció cojonuda, aunque innecesaria. De todos modos, swmnbn siguió solicitando de forma privada, y obteniendo, los hombros de algunos de los amigos comunes para enjugar sus renovadas lágrimas.

Un día, meses después, tellhim se encontró con swmnbn en la puerta de su casa (de la de tellhim). Le sorprendió relativamente, porque tellhim llevaba tres semanas sin contestarle al teléfono, después de una larga serie de desagradables, estúpidas y fuera-de-lugar broncas telefónicas cargadas de reproches. El motivo de la visita de swmnbn era solicitar a tellhim la devolución instantánea de todos aquellos regalos que le había hecho a lo largo (es un decir) de la relación, a lo que tellhim respondió que nanay of the Paraguay, con lo que ella empezó a tener (o fingir) un ataque de ansiedad en plena escalera. Ante tal situación, ésta ya muy poco comprensible, tellhim (imbécil de él) tomó la rápida, aunque a mi parecer errónea, decisión de devolver a swmnbn todo lo que ella pedía (salvo una bonita camiseta negra de Thomas Burberry que se le despistó). Los más morbosos pueden solicitar por mail una lista de los objetos devueltos.

Después del numerito narrado, tellhim pensó que swmnbn estaría contenta de una vez, y reanudó su vida normal. Se fue a vivir con su actual pareja, aprendió a sortear cajas y bolsas amontonadas por los sitios y empezó a ser bastante feliz. Craso error: swmnbn acechaba. Después de una reunión de vecinos que tellhim glosó en su blog (es que él también tiene uno), swmnbn hizo copias impresas de la glosa mencionada y las repartió por los buzones de la escalera de tellhim, que pasó a convertirse en el vecino más impopular de la historia de su barrio (con la excepción de uno que había asesinado a toda su familia con un formón). Chungo, eh? No se vayan todavía, aún hay más. (v2.0: swmnbn, por supuesto, jura y perjura que ella no está implicada en el hecho, pero el conjunto de indicios en su contra es tan abrumador que sólo es razonable creerla mediante una interrupción, voluntaria o no, permanente o no, traumática o no, de las funciones corticales.)

Tellhim tiene una amiga (a la que llamaremos mkgüen), una bellísima persona, una de las mejores personas con las que mi amigo ha tenido la suerte de cruzarse en este mediocre mundo. Mkgüen fue, durante un tiempo, paño de lágrimas de swmnbn, y aguantó todo lo aguantable y más. Pero cometió un error: siguió siendo amiga, tanto de tellhim como de su actual pareja. Swmnbn, despechada con esta, según su torcido entendimiento, nueva afrenta, envió a mkgüen, en uno de sus muchos días de cruce de cables, un mensaje de correo electrónico en el que la sometía uno por uno a todos aquellos vilipendios verbales que swmnbn, que tonta no es, sabía que más podían herir a mkgüen. Una verdadera canallada. Fue un error: mkgüen, como he dicho, es una persona simpar y todo el mundo la quiere con devoción. Mal asunto para swmnbn: inmediatamente, un montón de gente que antes la habían comprendido, ignorado o tolerado se alinearon con el, entonces reducido, ahora menos, grupo de personas que la desprecian.

El último capítulo se acaba de escribir. Tanto Tellhim como swmnbn estaban en una lista de correo de amiguetes a la que se accede después de pasar una rigurosa encuesta de aceptación. Swmnbn, que se había largado de la lista hacía unos meses, solicitó el reingreso, y a tal efecto se creó una encuesta. Pues bien: un día después de la creación de la encuesta, swmnbn contabilizaba, como se puede ver en la imagen adjunta, 10 votos negativos por 7 positivos. Teniendo en cuenta que el peso otorgado a los votos negativos es muy superior al de los positivos, ésta parece haber sido una de las encuestas menos disputadas de la historia de la lista. (v2.0: la encuesta se cerró un día y pico después de su creación, con el mismo resultado comentado; contrasta bastante con la unanimidad afirmativa obtenida por otro amiguete en encuesta simultánea)

Bueno, qué descanso: parece que, por una vez, los actos de swmnbn no le han salido gratis, sino que han tenido consecuencias. No os recuerda un poco al final de Las amistades peligrosas? No es reconfortante ver que a veces se recoge lo que se siembra? Se entiende ahora el sentido del título de esta entrada?

PS: una vez suprimí una entrada de mi blog porque alguien me lo pidió amablemente. Información actualizada: no existe suficiente amabilidad en este lado de la Vía Láctea como para que yo suprima esta entrada. Gracias.

20030903

Conoce a tu enemigo: el cultureta

Los vemos a menudo en tertulias televisivas "de las serias" (lo digo para diferenciarlas de los círculos de marujas gritonas analfabetas, putones y chuloputas de "Gran Hermano" y periodistas-sanguijuela de los medios de comunicación especializados en la víscera cardíaca). Con pose digna, desgranan sus muy fundamentadas (o no) opiniones sobre lo humano y lo divino para ilustración de los plebeyos. Son gente leída, todos leen mucho, dicen. No miran la tele, dicen. Añaden en su conversación guiños que sólo su interlocutor, en el mejor de los casos, entiende (en caso contrario, sonríe levemente y hace como que sí y santas pascuas), para que se vea que su sentido del humor es refinado. Manifiestan su gusto por el yass y la música clásica (en realidad, Mari Trini les pone cachondos). Este grupo humanoide son los culturetas.

Alto ahí: la cultura es cojonuda. Servir, no sirve para nada, pero hace que, si la posees, la vida sea mucho menos insulsa que en el caso de que carezcas de ella. Te permite disfrutar de cosas que a la mayoría de la población se la soplan, y todo eso que se pierden. Pero cuidado: culto, sí; cultureta, no padre. El cultureta te lanza su cultura a la jeta, para que veas que él es un tipo cultivado y tú no. Para esta variedad de débil mental, la cultura sólo adquiere sentido con la comparación y con la exhibición, como si fuese la cola de un pavo real. De hecho, uno de los usos que le dan es el mismo que el pavo le da a su cola: ligar para follar. En cualquier bar mediomoderniqui donde la música no esté a volumen 250 no es raro ver a un patético cultureta con gafas de pasta negra soltándole esdrújulas a una pavita con la que tiene la esperanza de compartir fluidos corporales en algún momento de la noche. ¿Que vale todo? Sí, claro. Pero eso no impide que él sea un patético cultureta de todos modos.

El paradigma que me viene a la cabeza al visualizar la palabra cultureta es Fernando Sánchez Dragó. Cuando pienso que a mí "Biblioteca Nacional", el primer programa en el que el susodicho payaso asomó regularmente su fea narizota, me molaba... Mirándolo con distancia, supongo que me debía gustar a pesar de Dragó. Recuerdo específicamente un programa en el que destripaba presencialmente a un por entonces joven Jesús Ferrero (acababa de publicar Belver Yin), sin pudor, sin respeto y sin nada. Lo hacía porque podía, porque él era el escritor con programa en TVE y Premio Nacional de Literatura y el otro un mindundi que había tenido la desfachatez de convertirse en un superventas. Dragó ha ido a peor: sólo hay que ver su "Negro sobre blanco", programa pajero donde los haya. Es una inmensa paja televisiva pagada con dinero del contribuyente. Casi lo que más me jode es haberle pagado las antiparras esas de media luna que se gasta el gachó.

Otro mequetrefe que va del mismo palo es Garci I, El progresista. José Luis Garci reúne a culturetas del mundo del cine, críticos con frecuencia, para hablar sobre una peli clásica que acaban de emitir en el programa (cuyo título gilipollas es "Qué grande es el cine"; quizá deberían llamarlo "Qué grande es mi ego"). La peli suele estar bien. El coloquio es otra colosal masturbación, una reunión de abuelos cebolleta consistente en a ver quién ha pillado más matices en el filme y a ver quién piensa con más ahínco que ya no se hace cine como el de antes. Ah: también es en TVE. Con el dinero de todos.

El cultureta es un tipo humano confuso: no es tan fácil pillarlo a la primera. A veces resulta que el tío al que uno calificaría de cultureta es simplemente un tío culto que habla (en tal caso, a lo mejor vale la pena escucharlo). En realidad, para ser un cultureta no es necesario ser culto. Un amigo mío tiene una vecina que va de eso y en realidad es más ignorante que un pastor de yaks del siglo 12. Pero, si eliges tu público con un poco de cuidado, puedes pasar como culto e instruido sin serlo en realidad. Es una cuestión de vehemencia y de cara dura. Y la vecina de mi amigo tiene abundancia de ambas.

Tener una cultura propia ayuda a desenmascarar rápida y eficazmente a estos ejemplares abyectos de la especie homo sapiens aprovechando una de las debilidades del cultureta: que habla de cualquier cosa con el mismo jetuño de experto. Si dominas el tema del cuál está hablando, dejarlo en evidencia y, si es posible, en espantoso ridículo, es fácil, conveniente, socialmente higiénico y un deber para con tus semejantes. Advertencia: la distancia de culto a cultureta es reducida y, a veces, la tentación de recorrerla es irresistible. Que la fuerza te acompañe.