A mi viejo le gustaban los tangos. Tampoco era muy singular, era la música popular de su época y supongo que a todo el mundo de su edad le gustaban. Cuando yo era enano y mis padres me arrastraban a todos lados, cantábamos en el coche, supongo que también como todas las familias. Mi viejo cantaba más o menos de todo, desde la guerra hasta los 60 pre-yeyés, como se decía. Tenía buena memoria, algo que yo he heredado a medias. De modo que me crié escuchando canciones antiguas: himnos de un lado y del otro, coplas de Concha Piquer, canzonettas de Jorge Sepúlveda y otros galanes de la época, y mucho Carlos Gardel. A mi viejo le chiflaba Gardel. Lo imitaba con un deje arrastrao que no le acababa de quedar muy porteño, pero para mí aquello era lo más arrabalero de este lado del Río de la Plata. Cantaba A media luz, Cambalache, Melodía de arrabal, Volver, Mi Buenos Aires querido y otros que he olvidado, y yo me quedaba acojonado de tener un padre que cantaba tangos. Algunas letras se me quedaron parcialmente, otras las olvidé, como suele suceder. Pero algo me quedó de ese gusto tanguero, que debe tener algo que ver con el placer que me proporciona oír hablar con acento argentino.
Hace un rato estaba mirando mi directorio (me parece que los que empezamos con el MS-DOS no diremos espontáneamente carpeta en la vida) de mp3, y he visto unos cuantos tangos que me debí bajar de algún lado en uno de mis arrebatos de "píllalo todo antes de que lo descuelguen de la red". Son grabaciones antiguas de Gardel, con mucho ruido de fondo, que no debe haber forma humana de remasterizar, ni falta que les hace. Me he puesto Por una cabeza y, para ir siguiéndola al mismo tiempo, he buscado la letra en la red (la he encontrado aquí, una página del Ministerio de Educación argentino; hasta ese punto se idolatra a Gardel en su país). Luego he puesto Melodía de arrabal, he empezado a cantarla y me he puesto a llorar como un bobo. Viejo, te extraño.
Pero que no crea nadie que estas barbaridades son exclusivas del Pakistán. Ah, no. Por estas latitudes tenemos nuestras propias ceremonias estúpidas. Se llaman "Semana Santa" (hay muchas, pero la Semana Santa es la que más me inspira). En Andalucía, los rituales de sacrificio se multiplican durante la Semana Santa. En Granada hay idiotas que se cargan un madero de 50 kilos al hombro, un montón de cadenas y suben de rodillas al Sacromonte. Otra cosa que sucede, creo que me comentaron que era en Málaga, es que los recorridos de las procesiones (que pueden durar una docena de horas) pueden cruzarse. Cuando esto sucede, los portadores ("costaleros") de esas figuras que llaman "pasos" (o "tronos" en otros lados) hacen lo siguiente: suben la figura a peso, con los brazos hacia el cielo, y a ver quién aguanta más. Exactamente igual que los niños de siete años en el patio del colegio, pero en este caso son adultos con pelos en la barba y/o en el sobaco. Muchos de ellos llevan vidas normales, y podrían ser tu vecino, tu padre, tu hermano o tu novio (o sus equivalentes femeninos). Qué pinta dios en todo esto? De verdad ese montón de gaznápiros sin sesos creen que con sus bravuconadas o autolesionándose están honrando a alguna entidad divina? Si son creyentes y se quieren ganar el cielo, por qué no se van a enseñar a leer a los niños gitanos, a ver si los sacan de la mierda de vida que con casi total seguridad van a vivir? Por qué no dan sangre en un hospital, en vez de manchar el pavimento con ella? Dónde han dejado su cerebro?

Sólo un minicomentario antes de largarme a clase, a la segunda parte de mi examen de francés (juro que voy a resistirme al chiste fácil): qué envidia me da la gente como 
