20020425

No soy un tipo tradicional. De hecho, uno de los números de Nameshifter, la hija tonta de V4Vendetta y mía, se subdenomina "La tradición es una maldición", y contiene un artículo acerca de dicho asunto autorado (me acabo de inventar el verbo, por la cara) por mí. Aún así, reconozco que hay una tradición específica que me gusta: el día de Sant Jordi. Ya hace muchos años que procuro por todos los medios tener el máximo tiempo libre posible en ese día, para poder pasear por el centro mirando libros en los puestos callejeros. Mirar libros es algo que se puede hacer, y de hecho lo hago, cada vez que a uno le rote; pero el día de Sant Jordi tiene un extra: además de los libros están los autores, que firman y dedican, y yo siempre he tenido una cierta mitomanía hacia estos bichos. Muchos de esos autores son de los llamados "mediáticos": básicamente, presentadores de TV, cantantes y otros animales hertzianos. Hay otros híbridos, periodistas y gentes de quiosco a los que de vez en cuando les da la verborrea plúmica. Finalmente, están los pobres escritores a secas. Quedaría como un dandy si dijese que los dos primeros tipos no me interesan, pero no es así; la verdad es que no depende del tipo de autor, sino del autor en cuestión. Todo es muy subjetivo, por supuesto.

El caso es que E. y yo estuvimos de compras por Passeig de Gràcia, mirando las novedades, las ofertas y los autores y, armado con mi microcacharro digital, tomé unas cuantas fotos. Joaquín Sabina estaba firmando su poemario recién publicado, que no he leído (y no me apetece mucho, la verdad), Terenci Moix estaba con su "Arpista ciego" (al que le había robado las gafas), y Forges y Millás firmaban ejemplares de su "Números pares, impares e idiotas", un divertimento sin mucha trascendencia, pero gracioso, qué leches. Decidí regalárselo a E., y se lo di a Forges, que es un tipo que siempre me ha caído muy bien, para que escribiese su dedicatoria. Para mi sorpresa, Forges me dibujó *a mí*, como si fuese uno de sus personajes leyendo la dedicatoria. O sea, genial. Sobre todo porque en todo el día no vi a Antonio Gala, que es un estúpido y me produce urticaria.

Se puede argumentar que el día de Sant Jordi está contaminado a priori por el espíritu comercial del Gremio de libreros, y que la mayoría de gente compra los libros y no los lee jamás. Bien, de acuerdo. Aún así, me queda el suficiente poso de romanticismo como para creer que en el fondo del corazón de los libreros, al menos de una parte de ellos, existe algún sentimiento de una categoría distinta a lo que el dueño de un estanco siente por su mercancía. A lo mejor es que comparto con esos libreros el amor por la literatura, y en cambio no me puedo imaginar a alguien diciendo seriamente que ama los productos de charcutería. Dicho sea con todo el respeto hacia el foie trufado.
He añadido una fotillo mía manipulada junto a la cabecera del blog. Qué mal, ya me voy a parecer a la cretina inglesa a la que criticaba en febrero. Bueno, podría ser peor. Podría llover.

20020422

Hoy he ido a desayunar al bar de siempre, y he visto el anuncio de despedidas de soltero/soltera que podéis ver a continuación:





Lo de las despedidas de soltero debe ser una de las gilipolleces más grandes de Occidente. En general (siempre hay excepciones) constan de un grupo de trogloditas macho o hembra cuya característica común es que han olvidado su cerebro en casa (o, lo que es más probable, nunca han poseído uno). Al parecer, ninguno de ellos ha evolucionado mentalmente más allá de los 12 años, pero son mucho más ruidosos que los niños de esa edad. La ingestión de alcohol en cantidades masivas suele acompañar estas alegres y dicharacheras celebraciones. Otra cosa que invariablemente suele suceder es que el afectado por matrimonio es disfrazado de la forma más ridícula posible y obligado a exhibirse de esa guisa durante toda la noche; a veces, el resto del rebaño se disfraza también. Todos ellos están empeñados en que su juerga tiene que resultar graciosa para el resto de la humanidad, con lo que se dedican a alardear de ella a grandes voces, con frecuencia cantando.

Si os fijáis en el anuncio, reproduce las fotos de dos ejemplares de homo sapiens bastante bien desarrollados, uno macho y el otro hembra. Ninguno de ellos lleva mucha ropa encima. Estas fotos están ahí porque el strip-tease (en algunos casos) y el irse de putas/putos (en otros) suele ser el colofón de muchas de estas fiestecillas. Al parecer, la víctima, es decir, el próximamente matrimoniado, debe aprovechar esa noche para resarcirse de todos los polvos que no ha echado y de todos los coños/pollas que no ha visto/tocado/chupado/lamido/perforado/envuelto y, en general, para exhibir su hotentótica masculinidad (o su liberalidad, caso de las mujeres) delante de sus energúmenos amigos.

Existe acaso algo más patético? Si un tío (voy a tomar este punto de vista, que ya me canso de ir pasando de uno a otro) se quiere acostar con una tía, es necesario que monte toda esta mierda de espectáculo para deficientes mentales? Es más, tiene algún sentido que este gusano considere que tiene disculpa moral por follarse a una piba que no es la que se va a casar con él, sólo porque todavía no ha pasado por el altar? Por qué se casa entonces? Acaso es obligatorio? Lo hace por reproducirse? Por qué, en vez de reproducirse sexualmente, no lo intenta por bipartición, o sea, acostándose en una de las vías del tren para que éste lo divida en dos cachitos, y de paso me da a mí una alegría?

20020412

El respeto universal es una lacra. Un cáncer. Es una de las consecuencias indeseables de la misma libertad de expresión que, entre otras cosas, me permite soltar toda mi basura en este blog.

El respeto universal es producto de una confusión. Dicha confusión consiste en convertir "todos pueden decir lo que piensan" (eso se llama "libertad de expresión") en "todas las ideas expresadas son igualmente respetables" (eso se llama "en mi vida he perdido más de cinco milisegundos en meditar acerca de una idea; en qué cadena ponen el fútbol?"). Pues no, ping!, pero gracias por concursar. El hecho de que cualquier oligofrénico pueda decir impunemente lo que pasa por su infrautilizado cerebro no significa que "eso" sea en absoluto respetable. Hay ideas que se descalifican a sí mismas. Si tú me dices "según mi punto de vista, 2 + 2 son 5" reconoceré tu derecho a graznar, pero cualquier respeto que pudiese tenerte ahora o en un futuro se habrá esfumado en ese momento y lugar, siendo sustituido por lástima, indiferencia, desprecio y/u hostilidad, según, depende.

Por poner otro ejemplo, hay cretinos que sostienen que la ablación de clítoris es un rasgo cultural milenario y que, por respeto a las tradiciones, no se debe juzgar según los cánones occidentales. O sea: si algo es tradicional (sobre todo si es milenario), inmediatamente se deduce que no se debe juzgar ni valorar. Bueno, pues esto es lo que yo digo: el código penal debería ser el único obstáculo que impidiese la obliteración inmediata de los mencionados sujetos de la faz de la tierra. Pero no, en nuestra sociedad de blandez mental y de political correctness (en USA, tan dados ellos a las abreviaturas, se habla directamente de PC), sus ideas y, por ende, sus personas, son del todo respetables. Magnífico.

Una estructura compleja no convierte una idea en más respetable. La astrología, sin ir más lejos, es compleja y al mismo tiempo estúpida. No lo fue mientras la distinción entre astrología y astronomía no estaba del todo clara, pero ahora estamos en el año 2002: ya hace siglos que no es más que una superstición sin contacto alguno con esa realidad que dice describir o, que Newton nos asista, predecir. Pero no: el año pasado, la Universidad de la Sorbona otorgó un doctorado en Sociología a una tal Élizabeth Teissier, astróloga de profesión, por una tesis-ladrillo de 900 páginas demostrando la validez de la astrología (si leéis francés, podéis mirar el siguiente articulillo, para ilustrar: Elisabeth Teissier, Docteur en Sociologie!, así como la página de horóscopos de la propia sujeta en la revista Tele7jours). Para que te fíes de los argumentos de autoridad: concesión de doctorados a la idiocia, o peor, al timo. Y mucho cuidado, porque si dices esto inmediatamente te acusan de ser un trol con la mente cerrada. El problema es cuando tienes la mente tan abierta que se te cae el cerebro. Si es que previamente disponías de él.

Creo que no soy susceptible de ser calificado de nostálgico; sin embargo, me gustaría volver al tiempo en que la palabra "respeto" aún no se había vaciado por completo de contenido a fuerza de utilizarla con gran liberalidad. Lamentablemente, tengo la impresión de que ese tiempo se fue para no volver. Aunque siempre me queda un consuelo: si volviese, probablemente lo haría a manos de algún grupo de fascistas hijueputas de uniforme.

PS: echad un ojo a este PC Primer. Como dijo alguien, una carcajada vale por cien mil silogismos.

20020410

Cada vez me entero menos de lo que pasa por el mundo. En la TV prácticamente sólo miro películas enlatadas, dibujos animados y documentales de bichos. Leo el periódico una o dos veces por semana, pero casi siempre me voy a la sección de libros y espectáculos, y ojeo/hojeo por encima las secciones de nacional, internacional y local. La sección de deportes me la salto porque me ofende, y la de economía también porque me aburre mortalmente. Escucho la radio para despertarme y cuando me ducho. Por la mañana, el programa de Antoni Bassas, porque es un tío que me cae simpático. Nos conocimos cuando yo era enano (él, unos 5 años menos enano) en los Scouts (otro día diré lo que pienso de los Scouts), y la verdad es que era un tipo majo y creo que no ha dejado de serlo, a pesar de que nunca más nos hemos vuelto a ver. El caso es que su programa es, en la línea de programas largos matinales, de lo más decente que se puede escuchar, los invitados suelen ser interesantes y no la pandilla de indocumentados que se suelen pasear por las radios nacionales a esas horas, y los temas tratados me sirven para estar un poco, sólo un poco, menos desubicado sin demasiado esfuerzo, esfuerzo que, por otra parte, me niego voluntariamente a hacer.

Hasta hace unos meses, aunque de una forma cada vez más lánguida, por así decir, procuraba mantenerme más o menos al día. Soportaba los pésimos telediarios con los que nos obsequian las televisiones, para conocer los temas principales, y solía leer con un poco más de frecuencia el periódico, para intentar compensar la podredumbre. Pero en septiembre sucedió un hecho especial: una pandilla de moros subnormales decidieron convertirse en brigada de demolición improvisada y estamparse contra un par de edificios en Nueva York. Seguro que habéis oído la noticia. Mientras estaba plantado delante de la tele, acojonado con el espectáculo, tuve la siguiente revelación: "Con la excusa del terrorismo, de la protección de Occidente y de la defensa de nuestra "way of life", vamos a tragar una cantidad extraordinaria de mierda procedente de los mass-media. Me voy a tener que blindar el córtex de alguna forma." Y así fue como decidí que no iba a volver a mirar ningún telediario, a poco que pudiese evitarlo. En todo caso, nunca de forma voluntaria. No es porque vayan a conseguir manipularme. Considero que tengo la cabeza suficientemente bien amueblada como para juzgar y aplicar criterios propios. Es una cuestión de ofensa estética/intelectual (cielos, no, *la* palabra). No quiero mirar esos telediarios porque son comida para reses, y a mí, San Críspulo me perdone, lo que me gusta es el chuletón de Ávila. No los miro porque prefiero Patricia Highsmith que Arturo Pérez-Reverte, y Frank Sinatra que David Bisbal. No los miro porque yo sí creo, no mediante fe sino mediante datos, que el hombre ha llegado a la Luna, y porque sé que la Atlántida es un cuento de viejas, a pesar de lo que sugiera Disney. No, señor, yo no soy una res. Que no me vengan jodiendo con la igualdad de los cojones. Derechos? Sí, los mismos, para todo homo sapiens. Y luego cada uno hace lo que quiere o puede con su cerebro. La mayoría, usarlo para que no colapse la bóveda craneal.

Luc me ha escrito un tango. Sólo para mí, original. Podría ponerlo aquí, para que todos lo leyesen, pero no me da la gana. Es mío, y punto. Gracias, Luc, sos la mejor.