20040528

Réquiem por un delincuente
Hace un par de semanas ocurrió algo que me llenó de sentimientos contradictorios: euforia, porque sucedió, y mala hostia, porque sucedió tarde y en la cama. Me refiero a la muerte de una de las personas más negras de la ya de por sí oscura historia de este país, de sus políticos y de sus figuras de relieve: Jesús Gil y Gil.

El mismo fin de semana de su muerte coincidí en uno de mis períodos de zapping de 7 minutos (otro día contaré por qué duran 7 minutos) con imágenes de un campo de fútbol. Los jugadores estaban parados mirando al aire, guardando un minuto de silencio, mientras una foto del tipejo aparecía en el marcador electrónico. Le estaban rindiendo homenaje a aquel ser nauseabundo. Esas imágenes me ofendieron como ser humano y, en última instancia, me han llevado a escribir esta contraelegía.

El delincuente común en cuestión, al que muchos tarugos admiraban por razones que se me escapan, ha pasado la mitad de su vida entrando y saliendo de los juzgados y la otra mitad ilustrando con abundantes ejemplos lo de "el fin justifica los medios". Incluso tenía su propio partido, cuyas siglas coincidían con su apellido. Megalomanías de cateto. Con estudios universitarios, eso sí, pero cateto, zafio y palurdo. Y no hay nada peor que un cateto con una ambición desmesurada.

Los trapicheos y desmanes de Gil son públicos y notorios. Quizá el más sonado, y desgraciadamente bastante olvidado, tuvo que ver con el derrumbamiento en 1969 del restaurante de una urbanización que había construido en Segovia, Los Ángeles de San Rafael, que costó la vida a 58 personas. El mencionado sujeto pasó una corta temporadita en la cárcel y, previo pago de una suculenta multa, fue indultado por su excelencia el generalérrimo, cuyo nombre creo que voy a pasar de escribir por no superar el número máximo de hijoputas por párrafo establecido en el libro de estilo de El País (y si no está establecido, no sé a qué esperan).

Alguien dirá que no se debe uno regocijar por la muerte de ningún ser humano. Y yo le contestaré que determinadas tibiezas, demagogias y pusilanimidades contribuyen a hacer del mundo un lugar desagradable para mucha, mucha gente. Reivindico mi derecho a proclamar el deleite que me ha causado la muerte de Gil y Gil, igual que lo haré cuando se muera, por ejemplo, Pinochet (que también, maldito sea, va camino de morirse en su camita, bien tranquilo). En momentos como estos echo de menos creer en la vida eterna, porque mi felicidad sería redonda imaginándome a Gil asándose por toda la eternidad en un jacuzzi de plomo fundido. Lamentablemente, me tendré que conformar con imaginarme a los gusanos necrófagos devorando su gordo culo sin dejarse ni el esfínter, y desear que los ultrasur (por poner un ejemplo; en realidad me vale cualquier grupo de vándalos) profanen su inmunda tumba.

20040525

Galería de cretinos - Actualización: Toni Cruz
Me da un poco de rabia el ingreso de Toni Cruz en mi galería de cretinos. Me da rabia porque pienso en mis vinilos de La Trinca, trío del que el sujeto en cuestión constituía una tercera parte y con los que yo me lo pasaba cañón, hace 20 años. Pero he leído unas declaraciones suyas citadas en un libro y me he cabreado. De modo que ahí lo tenéis. Pero qué lástima.

20040523

Sabiduría popular
Me resulta curioso oír hablar a la gente que utiliza muchos refranes. Primero, me admira su capacidad memorística (que yo voy perdiendo a [mis] ojos vista) y, segundo, me genera cortocircuitos mentales su uso del refrán como depósito de conocimientos. Sabiduría popular, que le llaman.

Los cortocircuitos tienen que ver con un hecho conocido: los refranes se contradicen unos a otros. Hasta tal punto es así que existía un juego, supongo que ya casi perdido del todo, en el que dos personas mantenían una "batalla de refranes", encadenando refranes y contrarrefranes, hasta que a uno se le acababan los recursos (recuerdo vagamente haber leído una de estas batallas en alguna novela). Servidor extrae una conclusión: ¿dónde está la sabiduría, si igual puedo decir blanco que negro? ¿Sabiduría? No, la comodidad de no pensar, de arrinconar la reflexión y abrazar el "dicen que".

Muchos refranes son perogrulladas de puro relleno y con rimas tontorras (los meteorológicos por ejemplo: en abril, aguas mil; marzo ventoso y abril lluvioso llevan a mayo florido y hermoso); hay consejos para navegantes sin criterio (hasta el 40 de mayo no te quites el sayo; el que no llora no mama); instrucciones para videntes de juicio limitado (dime con quien andas y te diré quien eres; el que no la corre de soltero la corre de casado); apreciaciones sexistas paleolítico/preconciliares (la que a los treinta no tiene novio tiene un genio como un demonio; la mujer y la sartén en la cocina están bien); máximas místicas gilipollas (a quien madruga dios le ayuda -no especifica qué dios; a mí me molaría especialmente Kali, que tiene brazos a porrillo-; dios aprieta pero no ahoga). Los ejemplos son numerosísimos. Tan pronto se cumplen como no se cumplen, o son tan inconcretos que no aportan ninguna información, o son tan obvios que no aportan ninguna información, o son tan estúpidos que no aportan ninguna información. Vienen a ser, de hecho, una versión sintética de la mayoría de las conversaciones, o una destilación de los lugares comunes más pacatos y trasnochados en forma de frase fácil de recordar para poder meter cucharada en cualquier circunstancia sin tener siquiera que currarse una frase propia. Very convenient para todos aquellos que prefieren hacerse un enema de vitriolo antes que quedarse callados. Es decir, casi todo el mundo.

Gabinete Caligari sacaron un tema en el álbum Al calor del amor en un bar llamado Malditos refranes, lúcido y cínico como solían serlo sus temas, que los semipuretas recordarán y que decía:


Me levanté temprano pero dios no me ayudó,
Anduve muy caliente y la gente se rió
No le mire los dientes y que poco me duró
Dejé correr el agua y la sed me consumió

Pero al fin algo sí se cumplió
Quien bien me quiso sí que me hizo llorar
Malditos refranes...

El último reí, pero no reí mejor
Le puse buena cara al mal tiempo y continuó
Me arrimé a un buen árbol y me sigue dando el sol
Hice de viridiana y un pobre me la jugó

Pero al fin algo sí se cumplió
Quien bien me quiso sí que me hizo llorar
Malditos refranes
No quiero escuchar más
Malditos refranes...

Acude al refranero si quieres encontrar
Antídoto o veneno para tu voluntad
Aunque ya sabrás, si eres buen entendedor,
Que pocas palabras bastarán entre tú y yo

Pero al fin algo sí se cumplió
Quien bien me quiso sí que me hizo llorar
Malditos refranes
No quiero escuchar más
Malditos refranes
No quiero aprender más
Malditos refranes...


Os recomiendo a todos el siguiente divertido juego: sustituid la segunda parte de cualquier refrán por "patada en los cojones"; por ejemplo: quien a buen árbol se arrima, patada en los cojones; a caballo regalado, patada en los cojones; al que madruga, patada en los cojones. El provecho obtenido es el mismo (ninguno) pero da mucha más risa.

20040516

Fucking Pig Speaks!
(Aviso a navegantes: esta entrada es solo para iniciados; los demás no se van a enterar de un carajo. Mejor, porque tampoco tiene mayor interés)
Mi amigo Fucking Pig, cuyo nombre podría traducirse, entre otras posibilidades, por "el cerdo que jode", desea agradecer a A_Cagar (ver entrada Paranoias, del 20040430) el sensacional sobrenombre que le ha encontrado (i.e., Fucking Pig mismamente), y le informa de que a partir de ya mismo lo utilizará de vez en cuando, en las circunstancias en que estime oportuno hacerlo (verbigracia, estas mismas). También desea lamentarse públicamente (y en solidaridad con mkgüen y Cumulonimbus) del hecho de que A_Cagar sea más hábil (muy hábil, incluso) con la cosa de asignar nicks que con los insondables misterios de la traducción.

20040513

Nunca te fíes de los Bach con nombres cortos
Es hecho harto conocido que, durante el siglo XVIII, Johann Sebastian Bach y una parte importante de su muy extensa prole regalaron al mundo algunas de las composiciones más agradables del barroco -la archifamosa Tocata y fuga o la Pasión según San Mateo son solo un par de las más conocidas-. Este hecho podría llevar a los más incautos a colegir que el apellido Bach proporciona algún tipo de marchamo de calidad a sus portadores. Nada más lejos de la realidad, como espero demostrar con un par de contraejemplos sencillos, para que incluso los menos dotados de entre mis superdotados compañeros de club social (de listorros) me entiendan.

Edward Bach (1886-1936) fue el inventor de la terapia floral conocida como "flores de Bach", una tontería del tamaño de la isla de Sumatra, basada en la homeopatía (otra que tal), pero con una adición de naturaleza y espiritualidad de parada de mercadillo que la hace más atractiva dentro de determinados círculos de grillados de eso que llaman "terapias naturales". En mi galería de cretinos, en la que el doctor (sí, era médico, qué cosas) ingresó hace unos días, podéis encontrar una explicación algo (poco) más extensa y detallada del asunto.

Los actuales practicantes (me refiero a los terapeutas, los enfermos bastante desgracia tienen con haber caído en sus zarpas) de la terapia de flores de Bach pueden inscribirse en una o varias de las categorías siguientes: ignorantes, imbéciles o timadores. Por supuesto, la terapia de Bach ayuda a mucha gente; más o menos en la misma medida que la imposición de manos, la cromoterapia o la moxibustión, por poner tres ejemplos de fantasía/superstición cuyo poder de curación reside en ninguna parte. Prueba de que el efecto placebo funciona. Al hilo de esto, un amigo mío se presenta a veces como proctomante; dejaré el averiguar a qué se refiere como ejercicio al lector. A mí me da mucha risa.

Richard Bach (nacido, curiosamente, en 1936; quizá para tomar el relevo a su tocayo) escribió uno de los libros más bobos, plastas y mal escritos de la historia de la literatura occidental: Juan Salvador Gaviota (o Jonathan Livingston Seagull en original). Es un librillo sobre una gaviota que quiere ser diferente y se acaba arreando un hostiazo; luego de muerta sigue con sus paranoias y llega a un nivel superior de autoconocimiento, o algo. Viene cargadito de mensajes filosoficoides sencillos, directos y perogrullescos (en algunos casos) o directamente idiotas (en otros), muy apto como pasto para los no lectores habituales de filosofía (o de cualquier cosa) y para que las adolescentes escriban citas de gran profundidad mística en sus carpetas del cole (ejemplo: Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor. Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera.). Todo muy propio de esos estúpidos años 60-primeros 70 de amor, paz, flores, tripis y peyote. No me extraña que se haya convertido en una de las biblias de la New Age, junto con Dios vuelve en una Harley, El caballero de la armadura oxidada y otros títulos igualmente pueriles. Mi apuesta es que la gaviota esta (por cierto, son unos bichos asquerosos, hostiles y cabrones; me caen gordos como especie, me recuerdan a Gil y Gil) se le apareció al tal Ricardito durante alguno de sus viajes químicos y el amigo decidió compartir la experiencia con sus congéneres, ofuscado por alguna revelación y por el bajón chungo que le estaba dando la mezcla de estupefacientes. Otra posibilidad es que la gaviota se le quedase aplastada/desintegrada en el parabrisas de su avión (porque el tío era piloto, fíjate) y, tras limpiar los restos de gaviota y de vómitos, al pobre infeliz le diese pena y decidiese que le iba a dedicar un libro para compensar. Whatever.

El sujeto ha parido otros pisapapeles (One, Illusions, The Bridge Across Forever) que, a diferencia del panfleto aviario, se han vendido mucho menos. Ignoro lo que habrá sido del individuo en cuestión, pero me lo imagino con sus casi 70 tacos en una playa de la costa oeste de México, poniéndose ciego de daiquiris helados junto a dos hembras de descomunales tetas quirúrgicas, mientras se ríe a carcajadas de la humanidad. Qué cabrón el tío. Y el caso es que tiene razón: es de risa (como lo de la proctomancia, pero más amarga).

Así que advertidos quedáis: si un Bach no tiene un nombre de pila espectacular como Johann Sebastian, Wilhelm Friedrich Ernst o Carl Philip Emmanuel, evitadlo. Seréis más felices. O menos bobos.