Hace un par de días venía en "El país" el chiste de Forges que acompaña a esta entrada. Me interesa especialmente la parte de "Y si cuela cuela, y si no da igual". Enlaza, de hecho, con algo que he leído hoy también en "El país", acerca de la represión por parte de la policía afgana de una protesta de estudiantes en la universidad de Kabul. Cito textualmente: "Según el Ministerio del Interior, la represión ha provocado una víctima mortal, mientras que un portavoz de los estudiantes señaló que seis jóvenes habían muerto durante la protesta. La televisión afgana, por su parte, aseguró que se produjeron dos muertos y cinco heridos". Podemos extraer la siguiente consecuencia por la cuenta de la vieja: 1+6+2 = 9; 9/3 = 3 estudiantes muertos. O algo así.
Tanto el ministerio del interior afgano como la televisión y los estudiantes están hablando de entidades contables. Un muerto es uno y dos muertos son dos. Pero no. El número de muertos importa una mierda. En esta caricatura de sociedad la verdad no depende de los hechos, sino de cuántas veces se repite una información y el volumen al que se repite, que depende a su vez de las capacidades de cada cual, sea persona o institución, para emitir información al público. Si lo dices más veces y más alto que el vecino, es completamente superfluo quién diga la verdad: te van a creer a ti. La razón es triste, pero obvia: es más sencillo creer que pensar. Creer es un hecho automático, casi diría que reptiliano. Sólo hay que ver, por poner un ejemplo, una explanada llena de musulmanes con turbante doblando el espinazo en dirección al Este. La liturgia ya la pensó alguien, el resto se limita a seguirla y procurar no perder el control del esfínter anal durante la inclinación.
Cómo, me pregunto, es posible llegar a la verdad en un caso como el expuesto? Me contesto: no es posible. Lo más que se puede hacer es una media aritmética estándar como la que yo he hecho, para llegar a la conclusión de que, más o menos, deben haber recogido tres cadáveres. A los muertos, después de todo, ya no les importa lo que se diga de ellos.
La verdad, me refiero a los hechos, se ha convertido en un concepto caduco y obsoleto, barrido por el relativismo posmoderno de estos tiempos. Ya no hay verdad, sino verdades. De repente, un muerto es algo subjetivo. Se lo podrían preguntar a la novia del muerto número 4, el pobre desgraciado que se ha quedado fuera de la media aritmética. Pero nadie lo hará.
Ayer cumplí años. 36. Un cuadrado perfecto. Y que cumpla muchos más. También tomé (o retomé) conciencia de que lo único que me gusta agridulce es la salsa.