20021230

Lógica
Ella mira el mar
Él la mira a ella
Él mira el mar

(inspirado por la película El lado oscuro del corazón)

20021218

Asesinato selectivo
Esta mañana leía El País (el de papel, el electrónico es ahora de pago) en el bar de Paco. Una de las cosas que suelo leer es la columna "Visto/Oído", que Eduardo Haro Tecglen firma desde hace años en un rincón, al final de las páginas de economía que no me interesan ni una mierda. El de hoy era especialmente brillante, y sin permiso alguno lo reproduzco íntegro (después de copiarlo a mano; no suelo hacer esto a menudo, pero el artículo se lo vale). Ni que decir tiene que comulgo plenamente con Haro Tecglen:

Asesinato selectivo
(Eduardo Haro Tecglen, El País, 20021218)
Los moralistas de tiempos mejores nos ponemos un poco nerviosos ante la orden de Bush de que sus agentes maten a unas cuantas personas acusadas por él de terroristas; así demostramos lo tontos que somos Parece que preferimos que destrocen los países que suponen que les albergan. Parece que no se ha hecho nunca. La lucha que llevamos durante siglos estos moralistas sonados acabará con nosotros, no con ellos. Oí la tertulia de don Federico en La Brújula (COPE, de la Iglesia española) en la que explicaba que es mejor matar a unos cuantos si se evita con ello la agresión contra las Torres Gemelas. Otro, quizá él mismo, decía que si hubiera tenido la ocasión de matar a Hitler lo hubiera hecho, y alguno añadió que también a Stalin. El asesinato preventivo, equivalente a la guerra preventiva que aprueba ya la ONU si la hace Estados Unidos. También había algún tonto útil que manifestaba su deseo de mantener un orden moral. Generalmente, el terrorismo sirve para todo a quien quiere, también, matar: le encubre. El caso es que estos "asesinatos selectivos" existen ya, que Sharon les dio el nombre y el arma, que Estados Unidos los ha practicado ya y que es posible que todo poder tenga las manos manchadas de sangre, y todos los perfumes de Arabia no conseguirán limpiarla, como le pasaba a Lady Macbeth, ejemplo de crímenes de Estado como asesinatos selectivos.

Quizá sea más angustiosa la decisión del mismo Bush/Macbeth de pagar a los periodistas -¡del mundo!- por medio de una oficina militar que debe difundir los argumentos en defensa de los intereses de EE.UU. Si no se tiene moral, se compra. Por lo que llevo "visto y oído", no es difícil, y tampoco es una novedad. Últimamente se hacía con discreción, y se negaba; hubo un tiempo en el que se hacía declaradamente y los soviéticos hicieron el AGIT-Prop (agitación y propaganda) mientras los nazis creaban el Ministerio de Propaganda y daban mucho, mucho dinero. Los moralistas tontos estábamos contentos de que aquellas cosas cesaran, y no cesaban: se pagaba a escondidas. Volvemos a la declaración del horror como superioridad. En la política de Estados Unidos se acuñó hace tiempo la frase de "speaking frankly", hablar francamente. Bush responde admirablemente: pagar al periodista, matar al enemigo, bombardear al que, quién sabe, le puede bombardear a él.
Pavarotti 6
Hacía mucho tiempo, más de un mes, que no hacía ninguna entrada. Supongo que la causa se podría denominar "agitación vital multiforme". Puede que algún día entre en detalles. También puede que no. Es mi blog y lo administro como me da la gana.

Mi hámster, Pavarotti 5, murió la semana pasada. Me lo encontré frito debajo de su rueda, con el cuerpo aplanado, en una tanatoposición tirando a indigna (cosa que a él le importaba más bien poco, puesto que estaba muerto). Un hámster miniatura es un bicho al que le puedes coger, o al menos es mi caso, una cantidad limitada de cariño, por lo que sentí su muerte durante unos segundos y, acto seguido, lo envolví en un papel de cocina y lo tiré por el water. Recquiescat in pace.

Unos días después, el sábado, R. y yo pasamos por los puestos de animales de las Rambles, en donde adquirí (por cierto, 4 euros, cada vez son más baratos) a ese bicho tan mono cuya imagen acompaña esta entrada. Le llamé, en un alarde de imaginación, Pavarotti 6. Creo que una vez conté por qué mis hámsters se llaman así, pero como me da pereza verificarlo, lo contaré aquí: el día en que compré el primero, también en las Rambles, éste soltó un agudo gritito al cogerlo por el cuello. Como no esperaba que un bicho tan minúsculo (no creo que pasase de los 4 o 5 cm de longitud) se expresase con tamaña estentoreidad, y dada la proximidad del Gran Teatre del Liceu, decidí ponerle un nombre de tenor, Pavarotti. No me importó mucho que me dijesen, segundos después, que se trataba de una hembra, puesto que de todos modos no pensaba dejarla ejercer como tal. Así que Pavarotti se quedó. Tiempo después, cuando Pavarotti ya iba por su tercer recambio, compré un ratón enano, mus japonica, al que llamé Carreras. Mis intenciones ocultas (bueno, en realidad eran públicas y notorias y se las revelaba a cualquiera que me escuchase) era formar un trío de roedores que pensaba completar con la adquisición de un jerbo al que, por supuesto, llamaría Domingo. Lamentablemente, Carreras murió a causa de un espectacular quiste en el cuello antes de que pudiese completar mi trío de belcantistas amantes de las pipas de girasol. Fue una pena, y el hecho acabó con mis ínfulas de promotor operístico. Quizá haya sido mejor así, porque me he ahorrado que el juez Garzón, que ahora persigue de oficio (y de puro aburrimiento, debe ser) a la gente que habla mal de la familia real por Internet, me buscase las cosquillas.