20081201

Moyano
Acabo de pasar unos días de vacaciones en Madrid. Una de las cosas que me fascina de las grandes ciudades son las librerías, y más aún, las librerías de lance. Sumergirse en una montaña de libros viejos me produce, creo yo, la misma sensación que debió poseer a Alí Babá después de pronunciar Sésamo, ábrete por primera vez, o al tío Gilito al inaugurar con una zambullida su primera piscina de dinero. Cierto que los tesoros de Babá y los dólares de Gil Pato eran todos valiosos, y la mayoría de libros de una librería de lance no interesan ni un carajo ni a mí ni a casi nadie. Razón de más para tener los ojos abiertos en busca de tu tesoro particular.
En Madrid hay muchas librerías de lance, pero a mí me gusta especialmente pasear por los puestos al aire libre de la Cuesta (o costanilla) de Moyano, junto al Jardín botánico y muy cerca del Prado. Allí he comprado de todo, desde una biografía de Siniestro Total que escribió Jesús Ordovás hasta unas "Cartas a un escéptico" publicadas en los 50 en el diario Pueblo o incluso una edición en español del Libro Rojo de Mao, ¡editada en China! por 3 euros. En un mundillo donde el regateo es lo habitual, yo debo de ser el único primo que paga siempre lo que dice la primera página por vergüenza. Pero no me importa: de todos modos, nunca suelo comprar libros suficientemente antiguos y caros como para que valga la pena regatear.
Hace unos años hicieron obras en la costanilla y trasladaron las paradas a la pared limítrofe, en el Paseo de Recoletos. Hubo rumores de que se iban a quedar allí, pero no: en 2007 regresaron a su antiguo enclave, reformada la calle y reformados los puestos. Ahora es una calle peatonal, lo que la hace aún más agradable, y los puestos están radiantes (radiantemente grises, sí, pero radiantes). Los libreros de la costanilla suelen ser proclives a la conversación, y conocen su mercancía. No sé hasta qué punto se ganan bien la vida, pero bueno, ahí siguen. Muchos venden también a través de iberlibro.com -que es ideal para encontrar rarezas- y supongo que eso ayuda.
En Barcelona, en la calle Diputació, detrás del edificio antiguo de la Universidad, teníamos también unos cuantos puestos de libros viejos. Con los años han ido languideciendo, y creo que ya sólo quedan un par que venden, sobre todo, revistas porno viejas. Recuerdo que el más cercano a la calle Balmes tenía una buena provisión de ciencia ficción y, si mirabas con atención, hasta podías encontrar una primera edición de "Lágrimas de luz" publicada por la mítica Dronte. Ahora da pena pasearse por allí; los borrachos que salen de los numerosos locales vecinos suelen usar los rincones de los puestos de libros como urinario improvisado los fines de semana. El encanto del papel impreso remojado en cerveza parcialmente procesada. Quiero mi costanilla de Moyano.

20081106

Tarugos
El mundo está lleno de idiotas se ha convertido últimamente en una de mis frases favoritas. La utilizo mucho, pero, eso sí, siempre con razón; y razones no me faltan, porque resulta que el mundo está lleno de idiotas. La asociación de listorros a la que pertenezco no es una excepción, como sabrán mis (14) lectores habituales. Últimamente he tenido la oportunidad de interactuar levemente con un par de ellos (de idiotas, no de lectores), y mira, de algo ha servido: para sacar material para una entrada del blog y para que mis amiguetes se echen unas risas.

El primero de estos ejemplares es un ser hembra al que a los efectos de esta entrada llamaremos Limitadita, aunque el apelativo cariñoso con el que la conocemos es el de La almorrana cuántica. En la lista de correo sobre escepticismo que fundé y que administro (junto con Petros y Lumen Dei) estábamos hablando de ateísmo y de la campaña que Richard Dawkins lanzará en Gran Bretaña (y quizá, después de superar en un factor 15 el dinero necesario a base de pequeñas donaciones de particulares, en otros países) de anuncios móviles que dicen "There's probably no God. Now stop worrying and enjoy your life" (Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida). Limitadita, que normalmente se está callada (salvo puntuales aportaciones sin sustancia) decidió intervenir, diagnosticando que tras la postura antirreligiosa se encuentra uno de los dos factores siguientes: infantil rebelión contra el poder con conflictos internos no resueltos.(y establece un confuso paralelismo con la izquierda española, lo cual sirve para detectar de qué pie cojea) o envidia cochina ("Que hay mucho anticlerical por ahí al que le encantaría ser obispo, e incluso cardenal o papa; esto se nota cuando ves que te quieren adoctrinar", cito textualmente). Para dar fuerza a sus argumentos cita uno de los arquetipos de Jung (un psiquiatra medio -o del todo- majara al que podéis encontrar citado en el Skeptic's Dictionary, con estas palabras: "Jung believed in astrology, spiritualism, telepathy, telekinesis, clairvoyance and ESP. In addition to believing in a number of occult and paranormal notions, Jung contributed two new ones: synchronicity and the collective unconscious"). Sin duda, una referencia a Jung es lo que Limitadita necesitaba para acabar de redondear su brillante intervención, sobre la que no vale la pena agregar nada más. Tras recibir el conveniente chorreo por parte de (casi) todo el mundo, Limitadita se fue de la lista muy ofendida, quejándose de los insultos que había recibido por parte de los moderadores (falso). Es curioso que, tras los supuestos insultos, no acudiese a ninguna de las instancias del club que sirven precisamente para defender al socio. Quizá le bastaba con sentirse un poco mártir y tener a un par de personas que no pensasen que era totalmente taruga. Sí, debe de ser eso.

El segundo sujeto es un viejo conocido al que, paradójicamente, nunca he mencionado, y al que llamaremos Babute. No solo pertenece a mi club, sino que es de un club más molón aún en el que, teóricamente, solo puede entrar el 0,1% de la población, de nombre ISPE. Este club está estructurado con categorías, desde "miembro" a "filósofo" y, para medrar hasta las categorías medias, basta con enviar artículos a la revista del club y escribirse regularmente con algunos miembros (o miembresas). Supongo que para llegar a "filósofo" habrá que acreditar el descubrimiento de una civilización remota o, al menos, de una pirámide (u dos). El caso es que el Babute envía regularmente artículos -sin interés alguno, y que esparcen a legua y media el hedor de su punto de vista de nostálgico camisa vieja del búnker barraqueta- a la revista del club y, supongo, se e-cartea con algunos de los miembros que aún no le conocen demasiado (porque, claro, a la que le conoces un poco y te das cuenta de que no tiene nada que aportar, si no eres uno de esos idiotas de los que el mundo está lleno o bien un filántropo, pues claro, dejas de tener trato con él); de modo que este individuo ha alcanzado la categoría de "senior fellow", y como tal se presenta en su mierdoblog. En una de las últimas entradas de su blog se quejaba del trato que se daba a un tal Carlos Blanco, de profesión niño prodigio superdotado, que solía aparecer en la tele haciendo numeritos de niño prodigio de tercera regional hace unos cuantos años. Dice el Babute que los comentarios suscitados en una entrevista al mencionado Pitagorín "destilan envidia, motivada ésta por la alta capacidad intelectual del personaje". Si no eres completamente retrasado mental, enseguida captas que lo que este untermensch ha escrito aquí viene a leerse: "a este pobre le pasa lo mismo que a mí, que de tan superior que soy no me comprende nadie". Lo de Pitagorín da más pena que gloria, pero este sujeto ya no cumple los 50, y lástima, lo que se dice lástima, no me da ni una pizca. Sigue diciendo el tío: "Hay quien ve en el detalle de que se declara creyente la prueba de su falta de inteligencia, olvidando que muchos de los grandes genios universales son creyentes. Francis S. Collins, Premio Príncipe de Asturias 2001, intenta demostrar científicamente la existencia de Dios". Desde luego, Pitagorín o incluso el papa se pueden declarar creyentes, pero que un payo, por muy ingeniero genético que sea, busque pruebas científicas de la existencia de Dios demuestra que no ha entendido de qué va el rollo. Aparte de que no sé a qué "grandes genios" se refiere; hay muchos estúpidos que concluyen de la frase "Dios no juega a los dados" que Einstein era creyente, lo cual solo demuestra que no saben nada acerca de Einstein (y de otras muchas cosas). Newton era creyente, y también lo era Pascal, autor de la infamous "apuesta de Pascal"; pero claro, si vives en el siglo XVII, no parece que haya demasiadas opciones, de modo que no me vale como prueba de nada. La realidad actual es que la aplastante mayoría de personas informadas y con una vida intelectual más o menos sofisticada son agnósticas o ateas (lo cual no quiere decir que no haya creyentes entre este selecto grupo de gente, pero vamos, tampoco muchos). Lo de "personas informadas y con una vida intelectual más o menos sofisticada" deja, por supuesto, fuera tanto al Babute como a Limitadita, que tienen de sofisticación intelectual lo mismo que yo de jugador de curling. Conociendo al Babute (por su, ejem, obra), me atrevería a decir que su entrada en los clubes estos de listillos huele raro; aunque, desde luego, carezco de pruebas sobre ello. Si las tuviese, aquí iba a estar yo parado.

20080904

Breves biografías iconoclastas - Hoy: Jesucristo
Jesucristo nació en Belén el 1 de enero del año 1 (o sea, 1-1-1; no parece una fecha de nacimiento, sino más bien las medidas de algún artrópodo). Eso es bastante práctico, para qué negarlo. Y además es una de las fechas de nacimiento más molonas de la historia. Siempre ayuda cuando te la asignan a posteriori, claro.

Su padre se llamaba José y era carpintero, y su madre virgen, que al parecer era un trabajo a tiempo completo. Bueno, su padre no era bien-bien su padre, sino su supuesto padre (pater putativus, de ahí que a los josés se les llame pepes; para que digáis que no se aprende nada en mi blog). Su padre de verdad era una palomica. Que resulta que era él mismo, y además un señor con un triángulo en la cabeza, que se había pasado todo el antiguo testamento muy cabreado. Con lo de la paternidad se le pasó, a pesar de que su hijo era él, y además también la palomica. Si todo esto os parece muy confuso, le podéis pedir aclaraciones al tío que vive aquí, por ejemplo. Seguro que está encantado de responderos, o de enviaros a su delegación territorial más cercana para que os lo expliquen y os quedará claro como un gazpacho de 2 euros.

Bueno, al tema. Este tal Jesucristo se ve que era judío, y vamos, no dejó de serlo nunca, pues no hay constancia de que apostatase (que seguro que en aquella época no era una cosa muy sencilla de hacer). Se ve que se vino a dedicar a lo de trabajar la madera y la ebanistería hasta que le dio porque se aburría. Entonces se hizo una panda y se fue a hacer el jipi por Galilea. La gente del lugar, que carecía de tele o radio debido al atraso inherente a la época iban a escucharlo cuando le daba el ramalazo (frecuente) de ponerse a chamullar en voz alta sobre cosas incomprensibles, como "bienaventurados los gansos" ( (c) Monty Python).

Cierto día les dijo a sus amigos que se quedasen si acaso un rato por aquí, que él se iba al huerto de los olivos (que habría más de uno, supongo, pero creo que se refería a uno concreto, si no seguro que hubiese dicho "un huerto de los olivos") a chatear con su padre, que era al mismo tiempo él y la palomica, no lo olvidemos. Uno se pregunta qué droga nueva habría descubierto ese día, que no le apetecía compartir con sus colegas. Yo mismo me lo preguntaría, incluso. Mientras tanto, sus amiguetes se quedaron dormidos por ahí, en plan jipi, que era lo suyo. Menos uno, un tal Iscariote, Judas de nombre de pila, que decidió que a los jipis les podían dar mucho por el culo y que él se iba a correr una juerga tremebunda con la recompensa que los romanos daban por Jesús. Se ve que en aquella época 30 monedas de plata era un dinero, o dos. Luego parece que los legionarios le preguntaron a Simón, que era uno de los amigos, expescador y ahora jipi, que si conocía a Jesús, y él dijo que si acaso que no le tocasen lo que no sonaba, que estaba ahí tan tranquilo antes de que viniesen a reprimirlo. Los legionarios, que muy listos no sé si eran pero al menos eran romanos y no putos jipis de mierda, no se fiaban mucho, así que se lo preguntaron un par de veces más, y el tío que no que no. Luego cantó un gallo, porque se ve que lo del interrogatorio era muy temprano.

En fin, que gracias a la diligencia de Iscariote, los legionarios finalmente le echaron el guante al cabecilla, que venía a venir siendo Jesucristo, y se lo llevaron al pretor Poncio Pilatos, que anda que no tenía el tío cosas que hacer como para que le viniesen sus sorchis que a ver que hacían con el peludo. Pilatos hizo lo único razonable: lavarse las manos antes de sentarse/tumbarse en su triclinium para comer y enviar al otro a la zona habitual de ejecución, a que le diesen lo suyo. Y bueno, ya lo creo que se lo dieron: lo hicieron cargarse la cruz a la espalda y venga, monte Calvario arriba. Bueno, se ve que antes le dieron de hostias con un látigo y le pusieron una corona de espinas, que eso no debe de dar ningún buen rollo. Bueno, el caso es que llegó a la cima del monte ese, que debía de oler como las letrinas de un galeón pirata, entre el amor a la higiene de los locales y los cadáveres de gente en descomposición, y lo clavaron a la cruz y lo pusieron de pie. Bueno, pusieron de pie la cruz. Entre la solana que pegaba y lo incómodo de la postura, pues el tío se murió, no sin antes decir una serie de cosas que tenían casi tanto sentido como lo que solía decir en sus discursos públicos previos. Antes de que se muriese, un legionario que se aburría (no me extraña) le dio un lanzazo, que total debió ser para pasar el rato, porque ya se iba a morir igual, y otro le dio a beber hiel y vinagre, que claro, es algo que todos los legionarios romanos solían llevar encima por si algún crucificado pedía de beber antes de palmar. Luego su madre y su churri se llevaron el cadáver y lo envolvieron en una sábana. Y ya está. Es lo que pasa cuando te mueres, que ya está. Bueno, hay una serie de miles de millones de personas que dicen que no está, que a los tres días se levantó y se puso a levitar, pero claro, lo que tiene la realidad es que no es nada democrática. Levantarse después de muerto, no se levanta ni tu puta madre.
¿Agnóstico yo?

Servidor ha estado un mazo de años definiéndose como agnóstico. Pensaba yo: "Coño, si no creo que exista dios, igual de poco razonable es creer que no existe". Buena lógica, digo yo. Eso sí, si alguien me hubiese pedido que asignase una probabilidad a la existencia de ese ente, habría puesto un gúgol de ceros después de la coma y antes del 1. Pero esa pregunta no solía surgir. Casi todo el mundo (bueno, la reducidísima parte del mundo con la que he tenido esta conversación) se quedaba contento con lo de agnóstico y, pienso yo, con la idea de "mira qué tío más equilibrado y sensato, no dice ni que sí ni que no". Que para la mayor parte de homo sapiens se traduce mental y automáticamente en una probabilidad de 50/50.

Por suerte, acabo de leer "The God Delusion" (aquí se ha traducido como "El espejismo de dios") de Richard Dawkins. Este biólogo británico es conocido por su libro "El gen egoísta" y por su ateísmo militante. El libro, como todo lo que toca Dawkins, es brillante, claro en la exposición y de lectura agradable. En él habla, entre otras cosas, de las definiciones de ateo y creyente, y dice la siguiente frase, "I am agnostic only to the extent that I am agnostic about fairies at the bottom of the garden" ("Soy agnóstico [respecto de la existencia de Dios] en la misma medida en que lo soy respecto de la existencia de hadas en el jardín"). Como el propio Dawkins menciona, los ateos carecemos de fe, y la razón sola no basta para adquirir la convicción plena de la inexistencia de cualquier ente. Dawkins propone una "escala de fe" desde el creyente que afirma con certeza plena la existencia de dios (no, no pienso escribir dios con la inicial mayúscula) hasta el ateo que afirma con certeza plena su inexistencia; estos últimos son escasos, por el motivo que he mencionado, a diferencia de los primeros, que son muy numerosos. Es así juicioso, dice Dawkins (y yo estoy de acuerdo) llamarse ateo sin necesidad de entrar en el poco razonable ámbito de la fe "al revés" que consistiría en afirmar con convicción la inexistencia de ese ente. El grueso de mis amigos ateos (que son el grueso de mis amigos) estarían, creo yo, en el mismo ámbito en el que yo me coloco.

"The God Delusion" está preñado de ideas que habían pasado por mi cabeza en forma no elaborada ni sofisticada. El envidiablemente preciso y ameno verbo de Dawkins me ha ahorrado muchas horas de reflexión, y para eso sirven los libros. "The God Delusion" me ha abierto mucho los ojos acerca de determinados aspectos de la fe (o de las fes, si se quiere) y me ha descubierto algunos autores de los que había oído hablar, pero de los que no había leído nada (ni lo he hecho aún, de momento, pero eso se resolverá pronto): Sam Harris, Daniel Dennett, Michael Shermer, entre otros. También ha acentuado mi admiración por Dawkins, que debe de ser una de las personas con la cabeza mejor amueblada de la historia. Y sobre todo, ha servido para que abandonase mi, hasta cierto punto, cobarde autodefinición de agnóstico, que provocaba más de una sonrisa de condescendencia, y "abrazase" mi condición de ateo.

20080614

Galería de cretinos - Actualización: Jasmuheen
Entre los numerosísimos retrasados mentales sobrevenidos que engrosan las filas de los terapeutas new-age, me ha llamado hoy la atención esta individua del sexo femenino que dice que no come. Bueno, lo que está claro que no hace es usar el córtex.

20080405

Parecidos razonables

¿No me diréis que no son clavadicos? (por cierto, notas de copyright: el parecido no lo encontré yo, sino barachan, y la estampita me la suministró mi amigo lumen dei, que nunca sale de casa sin una buena provisión de tan católicos adminículos, con finalidades obviamente jocosas). Uno se pregunta cómo de complicada debe de ser la doble vida del ex-portavoz del pepé y malnacido oficial de la generalmente poco recomendable clase politica del país este... eso, España. Desde luego, Pedro J. Ramírez con liguero, aun siendo un verdadero monstruo (pero sin llegar a los extremos de su churri, Ágatha Ruiz de la Prada), daba menos miedo.


20080326

Ad antiquitatem

Ese latinajo es el nombre de un argumento falaz que a menudo se esgrime para justificar numerosas prácticas que no soportan la más mínima revisión crítica. El espíritu crítico no es algo con lo que se levanta uno un día, como si fuese un grano o una erección mañanera. No. El espíritu crítico cuesta esfuerzo: mucho leer, mucho reflexionar, mucho comprender. Apelar a la tradición, cualquier lechuguino puede hacerlo. Precisamente el mismo minusválido sobrevenido al que me refería en la entrada anterior apelaba (al parecer; de este tío siempre hablo de segundas bocas, nunca lo leo en directo para así prevenir posibles ataques de diarrea propios) a la condición de "pentamilenaria" de la acupuntura. El prestigio social del que goza la acupuntura es tremendo, en Oriente y en Occidente. Pero el caso es que carece de fundamento alguno (y su efecto terapéutico, cuya existencia es controvertida, no parece depender de la posición de las agujas, sino más bien del hecho de que te las claven y generes endorfinas). Se basa (como la reflexología, véase mi entrada Reflejos) en la circulación de una mística "energía vital" -ki- por una serie de meridianos, y tanto una como otros solo tienen existencia en la imaginación de los creyentes y los practicantes de este semisádico método de tortura punzante. El sentimiento de inferioridad intelectual de Occidente frente a Oriente que lastra todo el "movimiento" New Age también tendría bastante que ver con el papanatismo de esta serie de creencias, pero esto daría para una o más entradas por sí solo.

Hagamos un símil: si los curanderos chinos de hace 5.000 años hubiesen pensado, dentro de su percepción mágica del mundo (posiblemente más sofisticada que la occidental de esa época, no lo discuto) que los pedos curaban, quizá asociando el gas a una emanación mística, estaríamos a estas alturas pagando 70 euros por hora a un señor por envolvernos en una apestosa nube de gases digestivos. Y no nos parecería mal, porque sería una práctica pentamilenaria. Mejor dicho, a mí sí me parecería mal, pero, por ejemplo, no se lo parecería al, ejem, superdotado intelectual al que me vengo refiriendo. Si me hablase con él, le preguntaría si también está de acuerdo con la esclavitud, la violación y posterior -o anterior- asesinato de las mujeres del enemigo o el derecho de pernada; después de todo, todas esas prácticas están refrendadas por miles de años de tradición. Como no le doy ni los buenos días desde hace años, todo eso que me ahorro.

A ver quién es capaz de entenderme: antiguo o tradicional no quiere decir válido. No me refiero a tradiciones inocuas, como decorar árboles o vaciar calabazas, sino a métodos para curar. Por fortuna, actualmente contamos con los ensayos clínicos, que son la aplicación del método científico a la verificación de las propiedades curativas de los fármacos. Son muy prolongados y muy caros y tan seguros como sabemos, y aun así no son 100% seguros, porque eso no existe en ciencia. La seguridad es patrimonio de las creencias, que no tienen nada que ver con lo que estamos hablando. En medicina, "cinco mil años" no quiere decir un carajo; lo que sí quiere decir algo es "cinco mil ensayos". ¿Se ve la diferencia? Para que pasen los años, basta con sentarse y esperar a que pasen; para pasar un ensayo clínico, hay que cumplir una serie de condiciones preestablecidas y, en general, razonablemente exigentes.

Venga, tú, el del fondo: ¿lo has entendido? ¿Veis como en realidad no era tan difícil?

20080316

Remedios tradicionales

Dejando de lado los abundantísimos nuevos modelos de familia, un servidor y casi todos mis lectores han tenido 4 abuelos, 2 machos y 2 hembras. El reparto de roles tradicional ha hecho que los remedios para las afecciones más comunes (jaquecas, resfriados, toses, dolores menstruales, malestar general, pequeñas venas varicosas) se transmitiesen por la vía femenina, en forma de lo que se ha dado en denominar "remedios de la abuela". En televisión había hasta hace bien poco un capullo de nombre Chumari Alfaro que tenía un espacio en uno de esos programas intolerables que duran toda la puta mañana y cuyo target son las amas de casa sacadas de "Cuéntame cómo pasó", denominado "La botica de la abuela". En él, el mencionado disminuido desgranaba multitud de esos remedios populares, la mayoría de los cuáles solo proporcionan curación por efecto placebo (cierto, muchos de ellos contienen un principio activo que luego ha sido extraído por la malvada industria farmacéutica para lucrarse; bueno, para eso y para que, cuando me tomo dos aspirinas, tanto yo como mi médico sepamos la cantidad de ácido acetilsalicílico que me meto en el cuerpo, a diferencia de cuando uno se hace una infusión de corteza de sauce). Lo cierto es que las afecciones leves se pasan solas en casi todos los casos, y casi lo único que podemos hacer es echarnos un cable a nosotros mismos con los síntomas. Si te gusta el agua caliente con cosas, ya sabes, excursioncita al herbolario. Yo prefiero el whisky on the rocks.

Uno de los remedios populares más estúpidos de la cristiandad es la orina humana. Al parecer, la de primera hora de la mañana es la que más mola. Lástima que la orina sea agua con deshechos del cuerpo humano, es decir, sustancias que los riñones han filtrado porque el cuerpo no las necesita. No es que los riñones tomen decisiones, en realidad se trata de complejos procesos de equilibrio osmótico sin capacidad de raciocinio propio, pero cuyo resultado es que nuestra sangre queda limpita. Si te vuelves a beber la orina, en general no pasa nada. Supongo que, una vez superada la arcada inicial (yo recomendaría también dejarla enfriar a temperatura ambiente o hasta, si me apuras, ponerla un ratico en el frigorífico), pues mira, como quien se toma agua con sal. Los riñones, que son muy sabios -a diferencia de Chumari Alfaro- vuelven a filtrar las sustancias de deshecho que te has re-tomado, las vuelves a mear y holy easters. Si tienes una infección en el tracto urinario, la cosa cambia. ¿Que por qué? Lo dejo como ejercicio para los lectores más perspicaces.

En mi club de listorros, en donde, como ya sabéis, hay gente de todos los pelajes, tenemos a un sujeto con luces, digamos, de bajo wattaje, que está estos días dando la brasa con la orina como remedio tradicional y esas cosas. Ha llegado a hablar de la gente que, en situación de apuro hídrico, se ha bebido su propia orina para hidratarse. Esta afirmación adolece del mismo calibre de gilipollez que decir que, cuando uno naufraga, al menos problema de agua no va a tener: basta con pegarle un traguito al Océano Pacífico. Lástima que se trate de agua salada, en ambos casos, que no se absorbe precisamente porque está salada. En el caso de la orina, tiene justo el grado de salinidad adecuado para que el cuerpo del que ha salido no la pueda absorber para hidratarse. Cosas de la ósmosis. El mencionado individuo, claro está, ya debe de haber considerado esto, porque lleva años demostrando a todo el que quiera escucharle -un número que se va reduciendo de forma lenta pero continua- que sabe de todo, y es el que más sabe. Una de las cosas que ha afirmado es que "no me consta que nadie se muriese por la ingestión de orina por la mañana, que se ha usado durante mucho tiempo en medicina tradicional". Y probablemente tiene razón: con lo que a él no le consta se podría llenar 6 veces una enciclopedia gorda; la Espasa, por ejemplo. En cuanto a la inocuidad de la orina, pasa como con la inocuidad de la idiocia: a mí tampoco me consta que nadie se muriese por padecerla. Es más, si te descuidas, a lo mejor hasta te puedes meter en un club de superdotados intelectuales.

PS: me acabo de dar cuenta de que en este post aparece 4 veces la palabra "tradicional" que, junto con "tolerante", está en el grupo de las que más odio. La voy a tener que dejar tal cual por exigencias del guión pero, en circunstancias normales, 4 apariciones de esa palabra por una misma persona me hacen querer romperle el tabique nasal de un codazo lateral. No, no lo he hecho nunca, qué cosas de preguntar.