20030130

OT, el circo y España
Ayer estaba en Hacienda, pagando mi IVA, una de esas obligaciones-coñazo de los profesionales liberales. Mientras estaba en la cola, sonó un teléfono móvil. Nada especial, si no fuese porque sonó esa vomitiva melodía popularizada el año pasado por los capullines de Operación Triunfo que dice "A tu ladooo me sientooo seguroooo, a tu lado no dudoooo..." y no sé qué más. Empecé a buscar a la adolescente descerebrada que lucía tamaña agresión auricular en su instrumento, sin éxito. Entonces noté a un gordito corbatero que abandonaba la cola en dirección a las escaleras de bajada. Cuando pasó por mi lado, los compases del "A tu ladooo me sientooo segurooo" me perforaron el tímpano. Mi esquema social a freír monas. Lo miré con la infinita ascopena que uno reserva a los coprófagos, a los vendedores de enciclopedias, a los testigos de Jehová y a los obreros votantes del PP, pero él, obviamente, ni lo notó.

Con la mañana alegre después del palo tributario (que pago religiosamente y sin rechistar), al salir del metro me tropecé con tres personas charlando frente a un quiosco. Una de ellas era el quiosquero; las otras dos, una pareja anodina. El volumen y la vehemencia de la conversación eran notables, por lo que pensé que estarían hablando del precio de la vivienda o quizá de la originalidad de los ciudadanos norteamericanos al haber elegido a un presidente cuya bóveda craneal no se hunde gracias a unos contrafuertes especiales que ocupan el lugar en el que debería estar su cerebro. Me equivocaba: el tema de la conversación era la final de Operación Triunfo 2. Hablaban de una tal Ainhoa, que ganó, y de más nombres, que supongo que no ganaron.

En la época antigua, los ciudadanos de Roma solían pasar períodos de hambruna por causas diversas, unas veces la guerra, otras la corrupción. Los gobernantes, ya fuesen emperadores o no, sabían cómo hacer para mantener al pueblo quieto: se montaron recintos en los que tiraban a gente para que se los comiesen los leones, o para que luchasen entre sí. El circo, vamos. El espectáculo no era muy edificante, pero mantenía a la gente entretenida, y lo más embobada posible. Gente lista, los romanos. Algunos de ellos.

Actualmente, el hambre ya no azota a los habitantes de nuestro país (a la inmensa mayoría, al menos). Los problemas son otros. Pero el peligro de revuelta, o sus variantes siglo 21, no ha desaparecido. De modo que se han inventado la tele basura. Un dirigente del PP declaró hace un tiempo "han triunfado los valores del Partido Popular", en referencia al éxito de Operación Triunfo. Los "triunfitos", esos cantantes de karaoke glorified, son los nuevos héroes de la plebe, gente como nosotros, pobres desgraciaos destinados a nada, que salen del anonimato micrófono en mano para recordarnos que nosotros también podemos triunfar. Son los nuevos gladiadores. Son, de hecho, los novísimos ídolos del balón, con el fútbol en franca decadencia. Son la cara, la voz, el cuerpo y los orgasmos de la nueva España, la de las homenajeadas banderas de 294 metros cuadrados, la de los "arriba España" en plena televisión pública durante el festival de Eurovisión del año 2002. Me cago en la madre que los parió. A todos.

20030126

Nieves
Conocí a Nieves cuando era poco más que un peón; debía tener seis o siete años. Nieves era una de mis compañeras de clase, en una época en la que las aulas mixtas eran casi una rareza. Los niños pueden ser más crueles que nadie, y Nieves fue pronto el blanco de las puyas de casi todos. Se decía que olía mal, por lo que se le colgó el ofensivo mote de "Pestuza". Todos la evitábamos, y no desperdiciábamos ninguna ocasión para reírnos de ella o zaherirla sin medida. Una de nuestras "bromas" favoritas era apartarnos de su paso e imitar a alguien utilizando un insecticida en spray en su dirección. Nieves solía ignorarnos. O eso creíamos nosotros.

En un colegio de clase trabajadora, Nieves destacaba especialmente por la humildad de su indumentaria. No solía ir muy aseada (la mayoría de nosotros tampoco, pero es difícil ver la viga en el ojo propio), y eso no hacía más que atizar el fuego de odio estúpido e irracional, el odio de la turbamulta, que casi todos sentíamos por ella.

Mi condición de alfeñique profesional me hizo evitar peleas durante todo mi período de enseñanza primaria. La única vez que me peleé fue con Nieves. Al parecer, un día concreto se debió hartar de que ese proyecto de gorgojo se metiese con ella, y decidió pasar al ataque. Ni que decir tiene que me venció de forma fácil, rápida y dolorosa. Fue bastante humillante para mí, por supuesto. Pero el estado de las cosas no cambió para nada. Nieves siguió siendo el objetivo prioritario de casi todos hasta que abandonamos el colegio, a los 13 o 14 años, según, depende.

Nieves tenía, que yo supiese, una sola amiga, Nuria de nombre. Nuria era grandota y con cara de pan de payés, y tantas curvas como un dado. O sea, cero. A veces Nuria defendía a Nieves, con lo que conseguía distraer nuestra atención de Nieves y enfocarla, por unos momentos, en ella. Una vez recibida su ración de bromas pesadas y frases supuestamente ingeniosas, Nuria solía retirarse llorando (en este sentido era bastante más débil que su compañera) y dejar la vía franca para que nosotros siguiésemos con lo nuestro. O sea, meternos con Nieves, y con redoblado ímpetu.

Hacía años, muchos, que no pensaba en Nieves. Me acordé de ella hace unos días, en el teatro, mientras asistía a un espectáculo de Ángel Pavlovski, "la Pavlovski", actor argentino de sexo ambiguo y un verdadero genio del monólogo colaborativo. Pavlovski recordaba su infancia en Argentina, un niño pobre y blanco de las burlas de sus compañeros. Describía lo mismo que sucedió hace más de 20 años, en mi mismo colegio. Con una niña. Nieves, se llamaba.

A veces oigo a personas decir "no me arrepiento de nada de lo que he hecho", y no lo puedo entender. Me parece de una intolerable soberbia la actitud de "si lo que he hecho está mal, pues bueno, que se jodan todos, yo no me arrepiento". Es la actitud de las personas sin valores. Es la actitud de alguien que, mirando desde la distancia, no le importaría haber hecho sufrir a aquella niña. A mí sí me importa. Yo sí me arrepiento. Aunque lo más probable es que Nieves ya no se acuerde de mí. Para bien.

20030123

Una de listos
Como sabéis los lectores habituales, pertenezco a una asociación de listillos, Mensa (eso de ahí es el logo; hoy lo he puesto al revés, y enseguida se hará obvia la razón de ello). Uno puede pensar que la gente que pasa uno de estos tests de inteligencia tiene al menos un ápice de sensatez. Bueno, a veces. Otras no.

Ayer fue un día fructífero. Se me ocurrió apuntarme a una lista de correo de Mensa España, Mensa_Parapsicologia (estáis invitados a apuntaros, es de libre acceso). El tema de la lista se desprende del nombre, para deducir esto no es necesario ser de Mensa. Servidor, como es también conocido, es escéptico militante, por lo que me interesan estos temas desde el mismo punto de vista que al atracador de bancos le interesa el estado de los mercados. Por ello, entré en la lista con gran ilusión y el revólver verbal amartillado. No quedé defraudado. Mensa nunca me defrauda.

La creadora y moderadora de la lista, es una persona (bueno, creo) residente en Madrid y de origen USA. Hace tiempo que dicho ejemplar de la humanidad provoca carcajadas (generalmente incrédulas) a raudales en la comunidad mensística española a causa de su uso, digamos, alternativo de la gramática y la ortografía españolas y del hecho de que siempre parece que se acaba de caer de un guindo. Bueno, de un guindo, no: de Neptuno.

Esta persona, a la que llamaremos Miss Bullseye, decidió ponerse de inmediato a la defensiva. Hay diversas formas de defenderse, pero no pensaba que la estrategia de la moderadora me produjese tantas satisfacciones; desde las peleas del patio de mi colegio (que solía contemplar a distancia) no había visto a un homo sapiens supuestamente listillo actuar de una forma tan infantil, dogmática, estúpida y pataleante. Véase un crescendo de frases gloriosas (sacadas de contexto, eso sí), citadas literalmente:

Para nosotros que "sabemos" que existe el paranormal - porque hemos tenido experiencias propias, no nos importa que otra gente este convencido. (quizá podría decir "otro gento esté convencido", por mantener la concordancia de género; claro que Gento era un jugador del Madrid, que no tiene nada que ver con el tema...)

Nosotros no necesitamos probar que los escepticos no tienen razon , porque estamos seguros. - Vivimos independiente de ustedes. En cambio, la unica razon para la existencia de los escepticos somos nosotros. El esceptico es el "ego" el cuerpo material que grita para decir que no existe nada mas que el. (aquí se pone filosófica, según su idea extraña de filosofía para jovencitas)

Te recuerdo que yo soy la moderadora de este grupo - y sugiero que si tienes tantas opiniones tan fuertes se lo hablen entre ustedes en tu sig! (aquí ya empezaba a cabrearse de verdad. Una aclaración: "sig"= Special Interest Group, o sea, un subgrupo de gente de Mensa interesado en un tema concreto y que se asocia de forma independiente; generalmente, en forma de lista de correo; Miss Bullseye se refiere a un sig que yo creé, giesceptico)

Yo tengo el derecho de bloquearte de este grupo y lo hare a ti y a cualquier persona que viene para hablar en contra de las creencias de la gente de este grupo. Nosotros no nos metemos en tu grupo para joder. (aquí, el cabreo ya es mayúsculo)

No entiendo porque te esfuerzas tanto para pertenecer a un grupo con el cual solo quieres discutir. Porque no discutes con tu Mama! Cual es tu problema? Te gusta sentirte rechazado? Porque no te apuntas a un sig de psicologia ,a lo mejor te pueden ayudar ahi mas. (aquí ya se pueden ver lenguas de fuego que le salen por la boca)

Como han dicho varios miembros, este sig no es para ver si existe o no existe fenomenos paranormales, es para gente que sabe que si existe. El sig tuyo , en cambio, si es para este tipo de criticas. Asi que voy a estar moderando tus mensajes de ahora en adelante. (puf, el "voy a estar moderando" del final sí que chirría; por cierto, el bloqueo de mis mensajes le ha supuesto a Miss Bullseye una queja formal en la institución de Mensa que protege los derechos del socio)

...Y, last but not least, la estrella:
Queria proponer que usemos poderes mentales para intentar parar la guera. Si todos dedicamos cinco minutos cada noche a pensar pensamientos sobre paz y que no haiga ataques puede ayudar. Algun otro tiene otras ideas? (ésta no tiene nada que ver conmigo, pero reconoceréis que es para descojonarse vivo)

Bueno, esta muestra de uso creativo de la lengua y de desperdicio de impulsos nerviosos tiene un coeficiente de inteligencia superior al 98% de la población. Y aún hay quien me pregunta por qué soy escéptico.

20030117

Supresiones
Acabo de suprimir la entrada Rebajas de calumnias, del día 20030113. Ayer me llamó una persona a la que respeto y me pidió que así lo hiciera. De hecho me pidió que rectificase su contenido, pero eso significaría enmendar la plana a otras personas a las que igualmente respeto, por lo que he optado por la vía intermedia (o la tercera vía, tan de moda) de la supresión. No further comment.

20030115

Historias mínimas
Esta tarde me tocaba clase de francés (sí estudio francés; oui, j'aime bien, merci), pero una desagradable llamada telefónica me ha quitado las ganas de ir a clase, por lo que he decidido buscar un cine para meterme en alguna historia ajena e irreal. Sabia decisión: finalmente he ido a parar a un cine de versión original del barrio de Gracia, el cine Verdi, y me he topado con una pequeña joya. Su título: Historias mínimas.

La película, ambientada en la Patagonia argentina, cuenta varias historias que se cruzan. Historias de perdedores, de gente pequeña y derrotada, de uno u otro modo. Uno es un viejo que busca a su perro, escapado ("no se perdió, se fue", dice Don Justo) tres años antes. Otra es una joven mestiza que gana el derecho a participar en un ridículo concurso en una televisión local de cuarta división. El tercero es un viajante de pastillas para adelgazar empeñado en conquistar a una mujer a través del hijo de ésta.

Las historias transcurren de forma simultánea y a veces se invaden entre sí, pero no se trata de una martingala del guionista, sino de algo distinto. En realidad no son importantes las interacciones entre los tres personajes principales. Quizá la intención fuese mostrar, en un mismo contexto, diversas manifestaciones de una misma derrota. El sabor amargo que la película deja en la boca tarda un tiempo en pasar. Cuando ha pasado, seguía viendo al viejo, con su bombilla en la mano, mateando. Puede que se muera antes que su perro.

20030110

De cementerios
Mi viejo está enterrado en un cementerio que queda cerca de casa, el Cementerio municipal de Sant Andreu. No voy nunca a visitar su tumba, porque para mí no tiene ningún sentido. Mi viejo quería que lo incinerásemos y esparciésemos sus cenizas por las Ramblas, el sitio del mundo por el que más le gustaba pasear, pero cometió el error de no dejar su voluntad por escrito. Mi madre, en un gesto terriblemente mezquino que, aunque ella ni lo sabe ni lo sabrá, no olvidaré en la vida, decidió que la voluntad de mi padre le importaba tres cojones, que lo quería enterrar porque era lo que se debía hacer y así podría llevarle flores y sentirse desgraciada durante el resto de sus días, que es lo que debe hacer una viuda según su magro entendimiento. No sé si llegó a decir que la incineración era una barbaridad de herejes, pero alguno de sus comentarios estuvo cerca. Qué pena me da mi madre, cuanto más mayor se hace más vuelve a su infancia miserable en el pueblo. No hay nada que se pueda hacer, qué puta vida.

Pero me voy de tema. Cuando he dicho que no iba nunca a visitar su tumba, lo he dicho con un matiz: he ido a ese cementerio tres o cuatro veces, todas ellas para acompañar a mi madre a que pusiese flores en el nicho. Resulta que está en un sexto piso, o sea, muy alto, con lo que hay que encaramarse a una escalera que previamente hay que transportar desde una distancia variable. Ambas tareas superan las capacidades físicas de mi madre, con lo que, cuando no encuentra otra persona que la acompañe y a la que, a diferencia de a mí, sí le importe algo el contenido de ese departamento, yo cumplo con la doble función de taxista y sherpa. No así con la de hijo doliente; la manifestación del dolor de mi madre y la mía juegan a deportes distintos, y la suya me resulta tan ajena como una danza de la lluvia algonquino-arapahoe. De modo que voy, llevo la escalera, trepo, cambio las flores, vuelvo a poner la escalera en su lugar, me aparto unos metros y espero a que mi madre acabe de gemir y lamentarse, le ofrezco el brazo y la llevo de regreso a casa. Una entretenida forma de pasar la tarde. Seguro que alguien piensa que no tengo corazón. Adelante, que lo piense.

El cementerio de Sant Andreu es pequeño y recogidillo, y es agradable pasear por él. Contiene algunos nichos y tumbas realmente notables, varios de los cuales pertenecen a familias gitanas de la zona. Los gitanos rinden un culto curioso y exagerado a los muertos; les gusta representarlos en sus lugares de reposo con fotos que no son en absoluto los retratos inexpresivos de DNI que suelen aparecer en los nichos de los payos, sino retratos alegres o, en todo caso, vitales. A veces complementan la decoración con objetos significativos, e invariablemente sus tumbas y nichos son los más limpios y cuidados del cementerio, aparte de ser los más visibles debido a su inconmensurable chabacanería, una muestra de la cual es el nicho del patriarca, con bastón y todo, que podéis ver al principio de la entrada.

Recuerdo un monumento funerario que me pareció especialmente impresionante, la figura femenina de tamaño natural que llora, ocultando su cara entre las manos, junto a una tumba de piedra blanca, y que aparece junto a estas líneas. El dolor que expresa esa estatua es infinito, y sólo se capta en toda su dimensión viéndola en su contexto, rodeada de tumbas, árboles y silencio. Es un dolor bello. y miente aquel que diga que ambas cosas son contradictorias. Igualmente bello puede ser el dolor sereno de una viuda que camina tras el cadáver de su marido, con el rostro tranquilo, como María Kodama (por cierto, kodama es "eco" en japonés; bonita imagen) en el entierro de Jorge Luis Borges. A mí me lo pareció tanto que, cuando lo vi, en un reportaje sobre Borges que A. me había prestado, lloré un río. Todo lo que no había llorado diez meses antes, cuando mi viejo nos dejó aquí abajo.
Músicas blandas, gente blanda
Ayer pasé bastante rato en la FNAC, haciendo tiempo, con lo que pude patearme a conciencia todas las secciones. Entre ellas, la de música. Esta sección viene a contener de todo, bueno y malo, calificación que viene a ser cuestión de gustos, y este blog, siendo mi blog, expresa el mío.

Música mala, como literatura mala o mal cine, la hay y la habido siempre y a toneladas. Pero me da la sensación de que vivimos un florecimiento de una subclase de la música fétida: me refiero a lo que llamo música blanda, gran contenedor de desperdicios en el que me atrevo a meter a los chicos de Operación Triunfo (R. los llamó triunfitos hace unos días, y yo me tronché de la risa, me recordó a los ardorines de cuando hice la mili; por cierto, ahí a la derecha tenéis una vista del público de uno de sus conciertos), el infratecno en forma de esos engendros a los que llaman lounge, chillout, new age, easy listening y doscientos otros nombres que no recuerdo, las canciones del verano pútridas y con baile como el Aserejé (uno de los campeones de búsquedas en Google en el año 2002) o el Que la detengan, las cotorras viejas que se han reciclado y que ahora alguien nos vende como grandes artistas (María Jiménez, Marta Sánchez, son dos que me vienen a las mientes), las vocalistas americanas fabricadas en serie con bonita voz pero ni puta gracia (Celine Dion pertenece a esta subespecie de bichos) y más que voy a evitar comentar porque no me apetece alargar la lista. Ah, no, me dejo una que me da especial grima: los mixes de DJ. Me gustaría que alguien me explicase por qué hay quien considera músicos a los DJ. Acaso no es de la misma categoría cerebral que considerar arquitectos a los peones, dicho sea con todo el respeto tanto para unos como para otros? Menuda bobada.

La característica común que encuentro en todos estos prescindibles y ruidosos mamíferos es la blandez. Si su música se pudiese convertir en comida, sería un bol de palomitas extragrande de esos que tocan las narices a los que vamos al cine a ver una película. No es que de vez en cuando no me apetezca comer palomitas, también soy humano, pero la sección de música de la FNAC bullía, literalmente, con ese tipo de ruido blanco enlatado. Me da la terrible sensación de que una mayoría de la población no es capaz de escuchar nada que tenga un poco de riesgo o un poco de tripas. La banda sonora de su vida es la misma que la de los ascensores o la de las consultas de dentista. No puedo más que pensar que el contenido de sus ideas es igual de blanduzco, informe y viscoso, como un Blandi-Blub, como los mocos de pega de un Baby Mocosete. Son un fraude. Y son la mayoría. La mayoría absoluta.