20060912

Breves biografías iconoclastas - Hoy: Teresa de Jesús

Inicio con esta una serie, espero que larga, de ultrasucintas biografías de personajes que, por un motivo u otro, me caen gordos. A veces entraré en las causas de esta antipatía y otras veces no; es mi blog y en él hago lo que me da la gana.

Teresa de Jesús, llamada también Teresa de Ávila, nació en Ávila; y además, en 1515. Ante la perspectiva de pasar buena parte del siglo XVI en Ávila (villa sin duda dotada en la época de una trepidante animación cultural; ahora no sé, no tengo el gusto) decidió hacer lo que haría cualquier persona inteligente: quedarse en Ávila y hacerse monja. Ella era así, una chica brillante. Una vez en el convento, su afición a los estupefacientes y/o las sustancias psicoactivas (dicen que si el cornezuelo; pues igual sí, porque no me imagino un convento, en Ávila, en el siglo XVI, con un suministro regular de LSD; aunque digo yo que lo más probable es que tuviese algún trastorno con la secreción -excesiva, claro- de neurotransmisores) la sumía en tremebundos globos que ella, con la modestia que la caracterizaba, se empeñaba en denominar "éxtasis místicos". En ellos veía a toda la patulea celestial: Jeová, el niño y la madre que lo parió (o sea, María), con ángeles y trompetones dorados de los de Jericó y todo. Una vez también vio un ornitorrinco, pero ya le pareció demasiado raro y decidió que casi mejor reducía las dosis. Cuando se aburría, entre viaje y viaje (sin moverse del sitio), escribía cosas como "Vivo sin vivir en mí/y tan alta vida espero/que muero porque no muero.", pasaje que todos los profesores de literatura de la historia de la humanidad española han enseñado a sus alumnos como si se tratase de algún prodigio artístico (a mí siempre me han parecido los mediocres desvaríos de una fanática con un problema grave de drogadicción; pero en fin, para gustos, colores). Luego también se puso a fundar conventos. De carmelitas, se ve. Y al final se murió. Y luego cogieron su cadáver y lo hicieron a cachicos y lo repartieron por toda la cristiandad. Franco, que era un tío enrrollao, tenía un brazo, al que llamaban "el brazo incorrupto de santa Teresa"; a fe mía que era el brazo incorrupto con peor aspecto que he visto en mi vida. Y ya nada más de interés. Bueno, sí: la hicieron santa.