Opening, Wall Street Institute y filosofías de caja tonta

Acabo de comer, y he estado viendo
La princesa prometida (en realidad,
The princess bride, puesto que la compré en amazon.co.uk y ni siquiera tiene subtítulos). "My name is Iñigo Montoya. You killed my father. Prepare to die." debe ser una de las mejores frases de la historia del cine, junto con "We're on a mission from God" de
The Blues Brothers y "Romani ite domum" de
La vida de Brian.
Pero no iba a hablar de esa peli. Cuando he terminado de comer he hecho un poco de zapping. Unos 5 minutos. Llevaba un tiempo sin hacer zapping. Me resulta sorprendente el hecho de olvidar con tanta facilidad que el zapping por las cadenas nacionales gratuitas no es bueno para mi salud mental.
La cantidad de basura que puede emanar de un tubo de rayos catódicos es inconmensurable. La potencia de salida de la misma, definida como mierda por unidad de tiempo (podríamos llamar a la unidad de potencia de salida de mierda "diarreo") también lo es. No creas que es sencillo: la mierda, como la energía, no se crea ni se destruye, solamente se transforma. Hay que encontrar a gente que ya esté llena de mierda para que la puedan transformar en programas de televisión.
Lo que he dicho no es del todo justo. Todo el mundo tiene/tenemos una hipoteca que pagar, un rebaño de cachorros de homo sapiens que mantener o una cocaína cortada que comprar, y nos prostituimos de diversas formas. Los guionistas y creativos de TV generan lo que la gente pide. O eso nos dicen.
Yo creo que la cosa debe ser algo más compleja. "La gente", o sea, prácticamente todos nosotros, ve lo que le echan. El primer empresario que se dio cuenta de que la audiencia de un programa de televisión no tiene, prácticamente en ningún caso, relación con su calidad descubrió el reino de Jauja. A "la gente", que son quienes hacen que el mundo se mueva, no es necesario darles algo de calidad: basta con convencerlos de que lo que tienen es lo que quieren. No importa que lo que tienen sea una inmundicia, mientras crean que es
su inmundicia, la que
ellos han elegido.

Esta filosofía se puede implementar de numerosas formas. Una de ellas está, por cierto, de actualidad. La cadena de academias de inglés Opening ha cerrado. Suspensión de pagos, o sea, cierre, a todos los efectos. Conozco el negocio: trabajé en la competencia, Wall Street Institute, durante 4 años. Los fundadores de Opening son viejos conocidos míos: habían sido mi jefe y mi alumno en WSI.
WSI fue, hasta donde yo tengo conocimiento, la primera academia de inglés del país concebida de cabo a rabo como una empresa de suministro de productos, en este caso, cursos de inglés. Los alumnos no eran tales, sino "clientes", y se trataba de dar a los clientes la máxima satisfacción, después de que estos hubiesen desembolsado una cantidad ridículamente grande por el producto. La novedad consistía en lo siguiente: no es necesario que el alumno aprenda inglés, porque prácticamente todo el mundo se queda contento si avanza, independientemente de si aprende o no. Detallemos este aparente contrasentido. Imaginad esta situación: el señor Bernabé Gador, empresariucho de medio pelo, llega a WSI y es sometido a un asedio completo por parte de un profesional de la venta al que ahora denominan eufemísticamente "Tutor personal" (siendo hombre, lo normal es que el profesional de la venta fuese mujer; no voy a explicar los motivos, todos vosotros sois ya mayorcitos). En muchos casos, el "Tutor" sabe cuatro palabras de inglés playero mal contadas. Don Bernabé paga un perú por un curso de 12 meses
y te regalo 2 más, fíjate qué bueno soy y, como ya sabía un poquito de inglés, no empieza el curso en la unidad 1, sino en la unidad 4 (de 36). El tiempo pasa y el señor Gador, que ha acudido a clase con regularidad variable, se encuentra, 12 meses después, en la unidad 24. Cielos, 20 unidades en un año, qué triunfo de la voluntad. Atención, pregunta: ¿a nadie se le ha ocurrido que el método puede estar concebido para avanzar unidades, independientemente de los conocimientos adquiridos? A mí no se me tuvo que ocurrir; lo veía en directo cada día. Igual que todos los demás profesores de WSI, y los de Opening, puesto que el método es extraordinariamente similar. Inglés en píldoras, qué gran invento. Una píldora cada día, y cuando hayas tomado 200 píldoras, ya sabes inglés. Una tomadura de pelo a escala planetaria.
En WSI, aprender inglés no era imposible. Bastantes personas lo consiguieron. Pero lo importante no era si aprendías o no. Lo importante era que daba igual si lo hacías. El triunfo comercial de WSI ha sido y es el darse cuenta de que la satisfacción no depende de que el servicio sea bueno, sino de que esté bien vendido. Hasta un bosquimano estándar puede saber si un coche funciona o no funciona, pero cuántas personas son capaces de sostener que no han obtenido el provecho prometido de su curso mientras son asediadas por una rubia estupenda con corta falda y profundo escote (o su equivalente masculino; en cualquiera de los dos casos podéis cambiar físico por labia, da lo mismo) que trata de convencerles de lo contrario? Cómo se mide ese "provecho"? Con exámenes, quizá? Qué pasa si el concepto "examen" se ha tergiversado, convirtiéndose en otro de los mecanismos de satisfacción del cliente, en lugar del mecanismo de evaluación de conocimientos que debería ser? Lo dejo como problema para el lector.
Por suerte, ya hace mucho tiempo que me fui de allí. Pero ellos siguen, y si no son ellos serán otros, vendiendo "conocimientos sin esfuerzo". Al parecer, no es fácil darse cuenta de que el motivo de que la memez, la tontería y la ignorancia sean lo habitual es que lo contrario exige un esfuerzo. No se puede comprar a golpe de talonario. Sólo hay que ver al delincuente Jesús Gil: multimillonario y patán.
Me dan pena los pobres profesores de Opening, que no tienen puñetera culpa de nada, y los alumnos, que han perdido su dinero. En cuanto a la empresa, brindo porque su hundimiento sea completo, total, definitivo y con responsabilidades penales. Dust to dust, ashes to ashes, shit to shit, amen.