La empresa de telefonía móvil Movistar ha puesto en marcha una (otra) campaña para la renovación de los terminales de sus usuarios. La cosa es que, con los puntos acumulados por hacer llamadas, por cuatro perras se cambia uno el terminal por otro molón, con pantalla de coloricos, acámara de afotos, gprs, mms y gti turbo diesel. El eslogan de la campaña es Estarás orgulloso de tu móvil. Orgulloso? Veamos; yo, cuando veo que una palabra se usa de una forma que me hace rechinar las neuronas, lo que hago es mirar el diccionario, más que nada por tener una referencia. Esto es lo que el diccionario de la RAE dice de "orgulloso":
orgulloso, sa.
1. adj. Que tiene orgullo. U. t. c. s.
Vale; busquemos entonces "orgullo":
orgullo.
(Del cat. orgull).
1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
(De entrada, me parece curioso que el origen de la palabra sea catalán; no debe haber muchos préstamos en esa dirección. En segundo lugar, "orgullo" se utiliza con mucha frecuencia de forma no peyorativa y me parece bastante marciano que los de la RAE cuasieviten graciosamente esta común acepción. Pero me voy del tema; sigamos.)
Muy bien, pues ya sabemos lo que es orgullo según la apolillada RAE. A ver cómo se aplica en este caso. Comenzaremos por desechar la parte de "que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas", puesto que no tiene nada de noble ni de virtuoso el poseer un terminal móvil (tampoco el no poseerlo); yo lo clasificaría como acto sin calificación moral. Nos queda entonces la parte "arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia". Bien, recapitulemos: Movistar dice Estarás orgulloso de tu móvil, y la Real Academia dice que "orgullo" es arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia. Es decir, que el hecho de tener un móvil va a aumentar mi arrogancia, mi vanidad y mi estimación propia (o autoestima, en jerga giliautoayuda). Debo ser raro: no veo que el entrar en una tienda Movistar y adquirir un terminal móvil tenga relación alguna con la percepción que tengo de mí mismo. Como soy bastante tecnófilo, estos cacharros con muchas funciones y cosillas de colores me parecen graciosos, y si tuviese uno, de seguro estaría bastante satisfecho con él. Pero de satisfecho a orgulloso hay un salto, y no sólo semántico, que no estoy dispuesto a asumir. Uno puede estar orgulloso (en el sentido bueno) de sus músculos que le cuestan dos horas de pesas cada día, de su habilidad para resolver problemas de ajedrez, de la torre de Pisa construida con palillos que acaba de rematar (con el mismo ángulo que la original respecto del suelo), de sus capacidades culinarias o de haber acabado la carrera de ingeniería de caminos, tareas todas ellas que implican un cierto esfuerzo, una cierta implicación personal y una finalidad más o menos satisfactoria, ya sea para uno mismo o para otros. Que venga el creativo publicitario que parió el eslogan (y el directivo que lo aprobó, ya puestos) a explicarme exactamente qué tipo de imbécil puede sentir un incremento en su nivel de orgullo por el hecho de poseer un terminal móvil más moderno.
Se puede aducir que el objetivo de la campaña es atrapar a un público adolescente (de edad física o de edad mental) que está explorando las posibilidades del mundo y aún no acaba de tener muy claro la cosa ésta de los valores (si es de edad mental, no lo tendrá claro en la vida). Quizá sea maravilloso para las ventas, pero es perverso. Me parece de una nada dudosa inmoralidad ligar la posesión de objetos con el orgullo. Me parece torcido mover el mercado a base de crear, solapadamente, infelicidad por la no posesión. De acuerdo, siempre es así, pero no siempre es tan obvio, tan feo. Además, ni siquiera se trata de objetos asociados a un status, con lo cual me resulta incomprensible incluso desde el punto de vista del pijo subnormal que, al volante de su BMW Z3, mira por encima de la hombrera de su polo Burberry a los infusorios a los que avasalla con sus centenares de innecesarios caballos. No: aquí se trata de cacharros que cuestan desde 79 euros (y hasta 150 euros de saldo gratis, infórmate llamando al 609). La felicidad al alcance del pueblo. Es miserable.
Ese eslogan infecto, te sentirás orgulloso de tu móvil, enunciado en un profético futuro de indicativo, contiene mucho más de lo que dice. Es toda una filosofía. Detectadla y acabad con ella.
Aquests profunds silencis plens de tu,
