20031230

Orgullosos de su móvil

La empresa de telefonía móvil Movistar ha puesto en marcha una (otra) campaña para la renovación de los terminales de sus usuarios. La cosa es que, con los puntos acumulados por hacer llamadas, por cuatro perras se cambia uno el terminal por otro molón, con pantalla de coloricos, acámara de afotos, gprs, mms y gti turbo diesel. El eslogan de la campaña es Estarás orgulloso de tu móvil. Orgulloso? Veamos; yo, cuando veo que una palabra se usa de una forma que me hace rechinar las neuronas, lo que hago es mirar el diccionario, más que nada por tener una referencia. Esto es lo que el diccionario de la RAE dice de "orgulloso":

orgulloso, sa.

1. adj. Que tiene orgullo. U. t. c. s.


Vale; busquemos entonces "orgullo":

orgullo.
(Del cat. orgull).
1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.


(De entrada, me parece curioso que el origen de la palabra sea catalán; no debe haber muchos préstamos en esa dirección. En segundo lugar, "orgullo" se utiliza con mucha frecuencia de forma no peyorativa y me parece bastante marciano que los de la RAE cuasieviten graciosamente esta común acepción. Pero me voy del tema; sigamos.)

Muy bien, pues ya sabemos lo que es orgullo según la apolillada RAE. A ver cómo se aplica en este caso. Comenzaremos por desechar la parte de "que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas", puesto que no tiene nada de noble ni de virtuoso el poseer un terminal móvil (tampoco el no poseerlo); yo lo clasificaría como acto sin calificación moral. Nos queda entonces la parte "arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia". Bien, recapitulemos: Movistar dice Estarás orgulloso de tu móvil, y la Real Academia dice que "orgullo" es arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia. Es decir, que el hecho de tener un móvil va a aumentar mi arrogancia, mi vanidad y mi estimación propia (o autoestima, en jerga giliautoayuda). Debo ser raro: no veo que el entrar en una tienda Movistar y adquirir un terminal móvil tenga relación alguna con la percepción que tengo de mí mismo. Como soy bastante tecnófilo, estos cacharros con muchas funciones y cosillas de colores me parecen graciosos, y si tuviese uno, de seguro estaría bastante satisfecho con él. Pero de satisfecho a orgulloso hay un salto, y no sólo semántico, que no estoy dispuesto a asumir. Uno puede estar orgulloso (en el sentido bueno) de sus músculos que le cuestan dos horas de pesas cada día, de su habilidad para resolver problemas de ajedrez, de la torre de Pisa construida con palillos que acaba de rematar (con el mismo ángulo que la original respecto del suelo), de sus capacidades culinarias o de haber acabado la carrera de ingeniería de caminos, tareas todas ellas que implican un cierto esfuerzo, una cierta implicación personal y una finalidad más o menos satisfactoria, ya sea para uno mismo o para otros. Que venga el creativo publicitario que parió el eslogan (y el directivo que lo aprobó, ya puestos) a explicarme exactamente qué tipo de imbécil puede sentir un incremento en su nivel de orgullo por el hecho de poseer un terminal móvil más moderno.

Se puede aducir que el objetivo de la campaña es atrapar a un público adolescente (de edad física o de edad mental) que está explorando las posibilidades del mundo y aún no acaba de tener muy claro la cosa ésta de los valores (si es de edad mental, no lo tendrá claro en la vida). Quizá sea maravilloso para las ventas, pero es perverso. Me parece de una nada dudosa inmoralidad ligar la posesión de objetos con el orgullo. Me parece torcido mover el mercado a base de crear, solapadamente, infelicidad por la no posesión. De acuerdo, siempre es así, pero no siempre es tan obvio, tan feo. Además, ni siquiera se trata de objetos asociados a un status, con lo cual me resulta incomprensible incluso desde el punto de vista del pijo subnormal que, al volante de su BMW Z3, mira por encima de la hombrera de su polo Burberry a los infusorios a los que avasalla con sus centenares de innecesarios caballos. No: aquí se trata de cacharros que cuestan desde 79 euros (y hasta 150 euros de saldo gratis, infórmate llamando al 609). La felicidad al alcance del pueblo. Es miserable.

Ese eslogan infecto, te sentirás orgulloso de tu móvil, enunciado en un profético futuro de indicativo, contiene mucho más de lo que dice. Es toda una filosofía. Detectadla y acabad con ella.

20031218

Comentarios

Pregunta (retórica): ¿Por qué no tengo un apartado de comentarios en mi blog?

Opciones de respuesta (elegir una):

a) Porque no sé ponerlo
b) Porque todos los blogs lo tienen
c) Porque la opinión de todo el mundo (excepto la de un grupo selecto de homo sapiens que se suele comunicar conmigo por medios convencionales que incluyen los mensajes de correo electrónico) sobre mis posts me la trae al pairo
d) Por tugal
e) Por sche Carrera

La respuesta correcta es la c. Estoy seguro de que no es una sorpresa. Salvando las distancias, creo que Mariano José de Larra no tenía un link de comentarios al lado de la columna ésta que firmaba como "El pobrecito hablador". Tampoco lo tiene, hasta donde llega mi información, mi admirado Quim Monzó, cuya misantropía e irónica mala hostia son una guía para mí desde la noche de los tiempos. Por coherencia conmigo mismo (y yo tengo mucho de eso; bueno, a veces), ¿cómo iba yo a tener un apartado de comentarios?

A veces leo los comentarios de los blogs de mis amiguetes y me suelen aburrir. A menudo son elogios, y opino que es muy difícil elogiar sin que suene a manido. Otras veces son bromas o comentarios tan privados que, a efectos de lectura por parte de los no directamente implicados, igual podrían estar escritos en húngaro. Otras muchas, en fin, es puro hablar por hablar. Y, como dijo el poeta, si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, mejor mantén el pico clausurado, perdedor. O algo parecido.

Solo un par o tres de veces he hecho comentarios en algún blog, y por lo que (apenas) recuerdo creo que han sido de mal rollo, de estos para hacer amigos que tan bien me salen. O quizá es que he olvidado los otros. De todas formas, si un post me gusta (y eso sucede a menudo en ciertos blogs, algunas veces en otros y nunca en muchos) suelo decírselo al implicado de forma privada, por un motivo: un elogio público tiene tanto de homenaje al autor como de exhibición ante la concurrencia del (buen o mal) gusto del comentarista. No me siento cómodo practicando esa forma, confusa en mi opinión, de comunicación. También hay otro motivo: mi comentario podría quedar en contacto con otros comentarios efectuados por entes a los que no deseo tener dentro de una esfera de 75 kilómetros centrada en mi persona, ni de forma real ni de forma virtual. En la realidad, a veces tengo que joderme y apechugar, pero la virtualidad la elijo yo, gracias.

Así que ya sabes: si tienes algún comentario puedes usar el teléfono (si lo sabes), el email (la dirección está aquí al lado; eso sí, quizá no lo lea) o la voz (si me vas a ver). Y si no hay comentarios, pues seré igual de feliz. Ni más ni menos: igual.

20031217

Felicitación

(Esto no es mío, es uno de esos textos que circulan por correo electrónico por todo el orbe, pero me ha parecido perversamente divertido y lo he usurpado para convertirlo en mi felicitación navideña de este año. Hale, felices fiestas a todos menos a uno.)

Querida y/o querido Señor, Señora, Señorito, Señorita o Cualquier Otro Tratamiento adecuado:

Este deseo le llega desde ............., sujeto a los términos que siguen.

Por favor, léalo con detenimiento, dado que soy consciente de nuestra posición de blanco potencial -aunque no de manera efectiva, por el momento- de personas con o sin nombre, implicadas o menos, con afán litigante.

Acéptelo, por favor, sin obligación explícita ni implícita: mis mejores deseos para una celebración sostenible, responsable con el medio ambiente, dentro de la preocupación social adecuada, sin ansiedad, evitando las adicciones, neutra en género y otras cuestiones tolerantes, de las fiestas en torno al solsticio de invierno del hemisferio norte terrestre, practicada dentro de las más felices tradiciones de la creencia religiosa de su gusto, o de la práctica laica que desee -de haber alguna- con el obvio respeto por cualesquiera otras creencias religiosas o laicas que sean, o incluso con la opción igualmente libre de no celebrar práctica o tradición religiosa o laica alguna...

...deseo que se extiende a un comienzo con éxitos financieros, de enriquecimiento personal, sin problemas médicos, del calendario ampliamente aceptado que nos coloca al comienzo del año 2004, todo ello sin menosprecio o menoscabo de cualesquiera otros tipos de calendario que puedan ser de su elección, correspondientes a culturas cuyas contribuciones a la sociedad han ido ayudando a ser lo que hoy somos, sin implicar por ello una visión que menosprecie o menoscabe el pasado o cualesquiera otras formas contemporáneas de civilización, específicamente sin que ello aluda ni por asomo a elecciones competitivas o no igualitarias de raza, credo, color, edad, capacidades físicas, fes religiosas, elección de sistema operativo o preferencias sexuales y culinarias de la persona a la que dirijo este deseo...

(Al aceptar esta felicitación está usted aceptando estos términos. Una felicitación que está sujeta, si es menester, a clarificación o a simple retirada. Es transferible de manera libre y gratuita, siempre que se mantenga el fraseado original. No implica, por parte del deseante, promesa de que suponga imposición de deseos sobre cualesquiera otras personas, se considerará completamente vacía allá donde esté prohibida por la ley, y además será revocable con la mera voluntad del deseante. Este deseo se garantiza que funcione durante el periodo usual de aplicación de un año, o hasta la elaboración de otro tipo de felicitación posterior, lo que antes suceda. La garantía se limita, en cualquier caso, a su cambio por otra más o menos concreta en función de la voluntad de quien la desea).

Por lo demás, felicidades.

20031214

Miquel

Aquests profunds silencis plens de tu,
aquests silencis clars i vehements,
tan plens de tu que ja tot hi és sobrer;
aquesta solitud sense després
que compartim fins a esgotar-ne els sons;
aquesta quietud que vulnerem
a penes amb els ulls, o bé amb les mans
és un projecte i un acompliment.
Marta, l'embruix de tu m'ha tant sotmès
que ja ni em dol la vida que no visc
i em perdo amb tu per llocs inconeguts
i no hi ha espai entre el teu cos i el meu.
Arribarem al cor de l'espiral
ponts a través, sense temor del vent,
mars a través, esperonats pel foc.
Boja com jo, m'escoltes i somrius.
Tots els camins són bons per fer camí.

(Miquel Martí i Pol, Estimada Marta, 1978)


Con un mes y pico de retraso que ya no te puede importar, sólo quería decirte esto: adéu i gràcies, Miquel.
Cineterapia

Hace ya unos meses, paseando por la FNAC, me topé con un libro con el (iba a decir sugerente) título de Cineterapia. El libro, de tamaño medio, encuadernado en tapa dura, con una colorista (i.e., hortera) portada de estilo Bridget Jones/Jordi Labanda (el ilustrador de la campaña de Font Vella; no lo puedo soportar, me produce gases) y autorado por dos exbarbies norteamericanas de mediana edad, unas tales Nancy Peske y Beverly West, promete en la portada, entre otras frases sublimes: Te han dejado plantada? Te sugerimos las mejores películas en las que son ellos los abandonados. Ignoro el éxito que este libro ha tenido en nuestro país, pero en los USA han sacado tres libros más del mismo estilo. En su web encontraréis datos acerca de ellos y de sus autoras. Baste citar el siguiente título de sección (del libro Bibliotherapy): "Books That Are the Equivalent of Citronella for Men". Emético.

Me pregunto qué tipo de entidades de cerebro alisado pueden comprar este libro a partir de una frase como la citada de "Te han dejado plantada? Te sugerimos las mejores películas en las que son ellos los abandonados." Desde mi punto de vista, alguien que cree que puede sacar algún consuelo de semejante basura merece ser abandonada (y, con un poco de suerte, no dar tiempo ni ocasión a ninguna de sus relaciones para que la preñe y nos condene a la perpetuación de sus genes), tantas veces como sea necesario hasta que aprenda a ser persona o hasta que se canse de una jodida vez. Por supuesto que una película específica, un libro específico o una canción específica pueden echarte una mano en situaciones emocionales difíciles. Pero la estúpida frivolidad con la que se aborda la situación me saca de quicio. No debería sorprenderme, en todo caso: responde al mismo tipo de degeneración ética que lleva a rebaños de marujas a los programas de televisión de la tarde para airear ante millones de personas breves ejemplos de la mierda en la que viven, han vivido y vivirán inmersas hasta el final de sus días. Sólo que el modelo de maruja siglo 21 está más delgada, lleva ropa más cara y pronuncia los nombres de los actores con un remedo de acento, en lugar de la pronunciación grafo-fonética de las generaciones anteriores. También leen el Cosmo (pero empezaron leyendo el Nuevo Vale; por cierto, conozco a una chica que trabajaba en la editora del Nuevo Vale y cuando la conocí llevaba ya escritas cuatro historias de "mi primera vez" para la revista), aunque no le hacen ascos al Pronto. Ah, y creen que ser feminista consiste en reunirse en aquelarre con sus amigas (en sentido amplio) y poner verdes a los tíos en general (gracias, Lidia Falcón, majica, por fomentar este tipo de actitudes constructivas e intelectuales), justamente la misma noche en la que sus respectivos se reúnen para beber y hablar de fútbol, de coches y de lo putas que son todas menos sus madres, sus hermanas, sus sufridoras, la virgen María y la madre Teresa de Calcuta.

Reflexión final: Mira, niña (o niño; el género importa un pijo): si te ha dejado tu costilla tienes, a grandes rasgos, un par de posibilidades: pegarte un tiro (pero hacia allá, por favor) o apechugar. Si mirar una peli te ayuda, adelante, mírala, y que te aproveche. Si mirar una peli te ayuda por el hecho de que en ella el abandonado es el contrario, quizá debas reconsiderar seriamente la primera posibilidad en beneficio de la especie. Si además eres poseedora de un ejemplar de Cineterapia, por favor, quémalo antes de suicidarte. Así matamos, y nunca mejor dicho, dos pájaros de un tiro. Occidente no te necesita. Gracias por su atención.