20080326

Ad antiquitatem

Ese latinajo es el nombre de un argumento falaz que a menudo se esgrime para justificar numerosas prácticas que no soportan la más mínima revisión crítica. El espíritu crítico no es algo con lo que se levanta uno un día, como si fuese un grano o una erección mañanera. No. El espíritu crítico cuesta esfuerzo: mucho leer, mucho reflexionar, mucho comprender. Apelar a la tradición, cualquier lechuguino puede hacerlo. Precisamente el mismo minusválido sobrevenido al que me refería en la entrada anterior apelaba (al parecer; de este tío siempre hablo de segundas bocas, nunca lo leo en directo para así prevenir posibles ataques de diarrea propios) a la condición de "pentamilenaria" de la acupuntura. El prestigio social del que goza la acupuntura es tremendo, en Oriente y en Occidente. Pero el caso es que carece de fundamento alguno (y su efecto terapéutico, cuya existencia es controvertida, no parece depender de la posición de las agujas, sino más bien del hecho de que te las claven y generes endorfinas). Se basa (como la reflexología, véase mi entrada Reflejos) en la circulación de una mística "energía vital" -ki- por una serie de meridianos, y tanto una como otros solo tienen existencia en la imaginación de los creyentes y los practicantes de este semisádico método de tortura punzante. El sentimiento de inferioridad intelectual de Occidente frente a Oriente que lastra todo el "movimiento" New Age también tendría bastante que ver con el papanatismo de esta serie de creencias, pero esto daría para una o más entradas por sí solo.

Hagamos un símil: si los curanderos chinos de hace 5.000 años hubiesen pensado, dentro de su percepción mágica del mundo (posiblemente más sofisticada que la occidental de esa época, no lo discuto) que los pedos curaban, quizá asociando el gas a una emanación mística, estaríamos a estas alturas pagando 70 euros por hora a un señor por envolvernos en una apestosa nube de gases digestivos. Y no nos parecería mal, porque sería una práctica pentamilenaria. Mejor dicho, a mí sí me parecería mal, pero, por ejemplo, no se lo parecería al, ejem, superdotado intelectual al que me vengo refiriendo. Si me hablase con él, le preguntaría si también está de acuerdo con la esclavitud, la violación y posterior -o anterior- asesinato de las mujeres del enemigo o el derecho de pernada; después de todo, todas esas prácticas están refrendadas por miles de años de tradición. Como no le doy ni los buenos días desde hace años, todo eso que me ahorro.

A ver quién es capaz de entenderme: antiguo o tradicional no quiere decir válido. No me refiero a tradiciones inocuas, como decorar árboles o vaciar calabazas, sino a métodos para curar. Por fortuna, actualmente contamos con los ensayos clínicos, que son la aplicación del método científico a la verificación de las propiedades curativas de los fármacos. Son muy prolongados y muy caros y tan seguros como sabemos, y aun así no son 100% seguros, porque eso no existe en ciencia. La seguridad es patrimonio de las creencias, que no tienen nada que ver con lo que estamos hablando. En medicina, "cinco mil años" no quiere decir un carajo; lo que sí quiere decir algo es "cinco mil ensayos". ¿Se ve la diferencia? Para que pasen los años, basta con sentarse y esperar a que pasen; para pasar un ensayo clínico, hay que cumplir una serie de condiciones preestablecidas y, en general, razonablemente exigentes.

Venga, tú, el del fondo: ¿lo has entendido? ¿Veis como en realidad no era tan difícil?

20080316

Remedios tradicionales

Dejando de lado los abundantísimos nuevos modelos de familia, un servidor y casi todos mis lectores han tenido 4 abuelos, 2 machos y 2 hembras. El reparto de roles tradicional ha hecho que los remedios para las afecciones más comunes (jaquecas, resfriados, toses, dolores menstruales, malestar general, pequeñas venas varicosas) se transmitiesen por la vía femenina, en forma de lo que se ha dado en denominar "remedios de la abuela". En televisión había hasta hace bien poco un capullo de nombre Chumari Alfaro que tenía un espacio en uno de esos programas intolerables que duran toda la puta mañana y cuyo target son las amas de casa sacadas de "Cuéntame cómo pasó", denominado "La botica de la abuela". En él, el mencionado disminuido desgranaba multitud de esos remedios populares, la mayoría de los cuáles solo proporcionan curación por efecto placebo (cierto, muchos de ellos contienen un principio activo que luego ha sido extraído por la malvada industria farmacéutica para lucrarse; bueno, para eso y para que, cuando me tomo dos aspirinas, tanto yo como mi médico sepamos la cantidad de ácido acetilsalicílico que me meto en el cuerpo, a diferencia de cuando uno se hace una infusión de corteza de sauce). Lo cierto es que las afecciones leves se pasan solas en casi todos los casos, y casi lo único que podemos hacer es echarnos un cable a nosotros mismos con los síntomas. Si te gusta el agua caliente con cosas, ya sabes, excursioncita al herbolario. Yo prefiero el whisky on the rocks.

Uno de los remedios populares más estúpidos de la cristiandad es la orina humana. Al parecer, la de primera hora de la mañana es la que más mola. Lástima que la orina sea agua con deshechos del cuerpo humano, es decir, sustancias que los riñones han filtrado porque el cuerpo no las necesita. No es que los riñones tomen decisiones, en realidad se trata de complejos procesos de equilibrio osmótico sin capacidad de raciocinio propio, pero cuyo resultado es que nuestra sangre queda limpita. Si te vuelves a beber la orina, en general no pasa nada. Supongo que, una vez superada la arcada inicial (yo recomendaría también dejarla enfriar a temperatura ambiente o hasta, si me apuras, ponerla un ratico en el frigorífico), pues mira, como quien se toma agua con sal. Los riñones, que son muy sabios -a diferencia de Chumari Alfaro- vuelven a filtrar las sustancias de deshecho que te has re-tomado, las vuelves a mear y holy easters. Si tienes una infección en el tracto urinario, la cosa cambia. ¿Que por qué? Lo dejo como ejercicio para los lectores más perspicaces.

En mi club de listorros, en donde, como ya sabéis, hay gente de todos los pelajes, tenemos a un sujeto con luces, digamos, de bajo wattaje, que está estos días dando la brasa con la orina como remedio tradicional y esas cosas. Ha llegado a hablar de la gente que, en situación de apuro hídrico, se ha bebido su propia orina para hidratarse. Esta afirmación adolece del mismo calibre de gilipollez que decir que, cuando uno naufraga, al menos problema de agua no va a tener: basta con pegarle un traguito al Océano Pacífico. Lástima que se trate de agua salada, en ambos casos, que no se absorbe precisamente porque está salada. En el caso de la orina, tiene justo el grado de salinidad adecuado para que el cuerpo del que ha salido no la pueda absorber para hidratarse. Cosas de la ósmosis. El mencionado individuo, claro está, ya debe de haber considerado esto, porque lleva años demostrando a todo el que quiera escucharle -un número que se va reduciendo de forma lenta pero continua- que sabe de todo, y es el que más sabe. Una de las cosas que ha afirmado es que "no me consta que nadie se muriese por la ingestión de orina por la mañana, que se ha usado durante mucho tiempo en medicina tradicional". Y probablemente tiene razón: con lo que a él no le consta se podría llenar 6 veces una enciclopedia gorda; la Espasa, por ejemplo. En cuanto a la inocuidad de la orina, pasa como con la inocuidad de la idiocia: a mí tampoco me consta que nadie se muriese por padecerla. Es más, si te descuidas, a lo mejor hasta te puedes meter en un club de superdotados intelectuales.

PS: me acabo de dar cuenta de que en este post aparece 4 veces la palabra "tradicional" que, junto con "tolerante", está en el grupo de las que más odio. La voy a tener que dejar tal cual por exigencias del guión pero, en circunstancias normales, 4 apariciones de esa palabra por una misma persona me hacen querer romperle el tabique nasal de un codazo lateral. No, no lo he hecho nunca, qué cosas de preguntar.